El día ‘T’ (de tranvía), marcado en rojo en el calendario del PP, sólo dejó claro que las habichuelas se habían pegado en la cazuela de los ‘populares’ y que no había forma de comérselas, como dijo el primer teniente de alcalde, José Luis Cano. En una demostración de obcecación, el grupo municipal con más concejales del Ayuntamiento de Jaén se enrocó en la necesidad de debate sobre el sistema tranviario, sin percatarse de que una simple rectificación en las formas hubiera bastado. Y es que el as en la manga de la alcaldesa (el informe del secretario general del Ayuntamiento) dejó fuera de juego a un grupo, que está, como dicen Los Panchos (aprovechando la nueva tendencia de utilizar citas de canciones) “perdido, sin rumbo y en el lodo”.
El documento puso en evidencia un cúmulo de despropósitos en la convocatoria de pleno: no fundamentaron sus críticas con documentación, formularon mal uno de los puntos del orden del día al equivocar las competencias y, además, no se percataron de que se discutía sobre un convenio cuyas primeras obras ya se estaban licitando. Fue un revolcón político en toda regla… con una capacidad de reacción en horas bajas. El portavoz del grupo, Miguel Ángel García Anguita, llegó a decir, incluso, que se hiciera caso omiso a la normativa legal para pedir transparencia política.
Después de que el propio equipo de Gobierno les diera pistas evidentes sobre cómo se debía formular, el grupo municipal no rectificó en ningún momento y se vio tan encerrado que tuvo que levantarse de un pleno que ellos mismos habían solicitado a bombo y platillo. Un esperpento al que puso la guinda el concejal ‘popular’ Miguel Segovia que, a voces, exigió a los periodistas que acudieran a la improvisada rueda de prensa con el grupo casi al completo en el mismo salón de plenos que minutos antes abandonaron.
Sinceramente, este surrealista suceso tiene una sola enseñanza: Hay que trabajar por esta ciudad, con cuyo nombre se les llena la boca a la mayoría de los políticos. No es de recibo que un partido con 13 concejales –la mayoría con la única ocupación diaria de su labor política- no se haya asesorado sobre las fórmulas técnicas necesarias para hacerlo conforme a la ley. Y no escudarse, como llegó a hacer el portavoz del PP, en que no son expertos, sino políticos. Todos, gobierno y oposición, tienen un mandato del pueblo para estar ahí y luchar por sus intereses: unos para controlar y fiscalizar al gobierno y mirar con lupa las actuaciones y el otro para gestionar una ciudad de la mejor manera posible.

















