En estos últimos días, el programa ‘La Noria’ ha vivido sus peores momentos desde que está en antena. No se trata de la audiencia, que sigue superando los 2 millones de espectadores y el 18% de cuota de pantalla. Se trata de la huida de anunciantes, gracias a la campaña en redes sociales contra ellos tras la entrevista a la madre de El Cuco. A raíz de este hecho ha habido un intenso debate sobre lo ocurrido y las consecuencias que puede tener en el futuro para otros programas o contenidos. Para mí, no es una mala noticia, como algunos han pretendido plantear, sino al revés. Y voy a tratar de explicarlo respondiendo a algunas preguntas que me surgen:
- Es un paso muy importante porque demuestra que, pese a todo, sigue habiendo una masa crítica de ciudadanos que explotan la fuerza de las redes sociales para presionar y conseguir desactivar a estos programas de la única forma posible: reduciendo su financiación. Pasaron de 57 a poco más de 20 anuncios tras la campaña, iniciada por el bloguero y periodista Alberto Herreros. ¿Por qué es la única forma de desactivarlo? Porque la audiencia (que la tiene y mucha, por desgracia) ya no puede ser excusa para el todo vale. ¿Es un chantaje? No, es, simplemente, el ejercicio de la libertad de un consumidor que no quiere que la marca de desodorante o de pan de molde que compra todos los meses apoye este tipo de contenidos con su dinero.
- Y como trató de defender el propio presentador, Jordi González, y algunos blogueros, como Remo en El Blog Salmón, ¿es un ataque a la libertad de expresión? Para responder a esta pregunta, me parece idónea la frase de Jean Paul Sartre: “Mi libertad termina donde empieza la de los demás”. No cabe envolverse en la bandera de la libertad de expresión para pagar a la madre de un imputado para defenderse en horario de prime-time en televisión, mientras él y los otros dos jóvenes implicados siguen riéndose de la justicia de este país durante el juicio. Porque esa libertad de expresión que esgrime González acaba justo donde empieza el sufrimiento de una familia que aún no sabe dónde está el cuerpo de su hija. Y, ¿qué diferencia hay entre ‘explotar’ económicamente este caso y hacerlo con exclusivas sobre un asesinato o una muerte? Primero, la inmoralidad del pago (la misma que cometió El Mundo al pagarle a Tashorras para que ‘largara’ sobre el 11-M en el periódico). Y segundo, el tratamiento informativo (algo de lo que carece ‘La Noria’, que sólo busca el morbo sin más).
- ¿Es un peligroso precedente para que las firmas sean las que controlen los contenidos? Se lo preguntaban muchos en Twitter (como el compañero de Diario Ideal, José Liébana) y aquí el compañero Remo lo planteaba en el post. Las firmas que han abandonado esa franja horaria, no han hecho más que responder a una demanda de miles de ciudadanos (no sólo los que han podido firmar la carta en el servicio Actuable). Reconozco que tengo dudas sobre qué efecto tendrá en el futuro este caso, pero también recuerdo algo: desde el nacimiento de los ‘mass media’, el control de la información sobre determinadas grandes marcas por parte de esas mismas empresas se ha repetido una y otra vez. No es nada nuevo, aunque con un matiz muy importante: en esta ocasión no se ejerce ese control sobre información sino sobre basura.
- ¿Es una campaña de marketing que beneficia a las empresas? Claro que lo es. Pero, sinceramente, prefiero que se haga una campaña publicitaria de forma indirecta con esta excusa que con otras muchas. Es justo que mejoren su imagen por ello.
Con todo ello, pienso que queda mucho por hacer. No es la forma más idónea de eliminar de la parrilla la inmundicia que tanto daño hace. Lo ideal sería que murieran por inanición de audiencia, algo que no se atisba por ningún sitio. Sin embargo, mientras que se logra una regeneración ética en los medios (especialmente la televisión) y en la sociedad, no puede ser nunca una mala noticia que los ciudadanos ejerzan su presión sobre lo que creen inmoral o injusto. Es la madurez social que tantas veces exigimos.



















Discrepo Jesús en el tema de la libertad dado que la madre del imputado o condenado anterior, no es la delincuente. Es decir, el nexo de sangre es lo que se ha usado aquí para criminalizar el hecho del cobro.
Tal y como Pablo Herreros ha manifestado por twitter y otros más, lo que se persigue es el pago, no en sí que aparezca esta señora. Y respecto al tono de la carta, el propio Pablo se diculpó a posteriori por el tono de la misma, con la amenaza velada.
Es decir, yo hubiera visto perfecto un movimiento del estilo “No nos gusta lo que haceis (a las marcas) y dejamos de compraros” no el tono condicional de presionar para que dejen de anunciarse
Los efectos hubieran sido casi los mismos, pero hubiera sido una carta limpia
Por último un apunte, la diferencia entre información y basura ¿no crees que es bastante subjetiva?
Con respecto a la libertad de expresión, Remo, yo persigo las dos cosas: que aparezca pero, sobre todo, que se le pague. Y creo que sea la madre del imputado o éste mismo los que se pongan ante la cámara el daño a la familia sigue siendo muy alto y la inmoralidad de recibir dinero para hablar de un caso aún sin dilucidar en los juzgados, también.
Ya he aclarado en el post que, quizá, no sea la fórmula idónea. Pero lo que no entiendo es tu concepto de limpieza por parte de los ciudadanos que han respaldado la campaña. No la termino de entender.
Y claro que la diferencia entre información y basura es subjetiva, es la mía… Pero, aunque eso sea así, creo que hay unos límites, unas líneas rojas que si se traspasan, el resultado claro.
Me refiero Jesús a que veo perfectamente legítimo que cada consumidor compre o deje de comprar los productos que él considere en función de la actuación de la empresa. Lo que veo como un chantaje es que se haga una campaña para perjudicar a un tercero. Es decir, en dicha carta, yo hubiera entendido perfectamente que se dijera “Sres de las empresas XXX, no nos gusta cómo gastan sus recursos en publicidad y no les compramos desde hoy” a la carta que se ha firnado: “Sres de la empresa XXX si ustedes no dejan de anunciarse en la Noria, le vamos a montar un boicot”.
Ese es el matiz sobre las empresas.
Respecto al pago, sigo sin entenderlo y menos aún que la opinión ponga el baremo en la condena, porque esta mujer ha iso a dos programas anteriores cobrando tambien, según dijo Jordi González y nadie cuestionó en ese momento que apareciera.
Por otro lado, acabo de ver ahora mismo a la madre del hombre detenido en Córdoba hablando en Espejo Público, probablemente sin cobrar y defendiendo a su hijo ¿es eso también inmoral?