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La infoxicación: ¿cómo afrontar el aluvión?

Desde que la información pasó de ser un producto de élite al alcance de muy pocos a un producto masivo (commodity en inglés), el estallido ha sido espectacular. El día a día es un bombardeo imposible de evitar, mientras no aprendamos a crearnos nuestras propias trincheras. La infoxicación es uno de los fenómenos que más me preocupan en el nuevo ecosistema informativo tras el importante crecimiento de la red. No sólo como ávido consumidor diario desbordado ante el aluvión, sino también como periodista, pues este problema señala directamente un camino de cara al futuro a medio plazo: la especialización extrema de los grandes medios de comunicación.

Si sumas a diario toda la información que recibes directa o indirectamente te darías cuenta de la gravedad del fenómeno. Ese incremento exponencial ha venido motivado, principalmente, por el boom de internet y, en esta última etapa, de las redes sociales. Antes era necesario ir a buscar la información y hoy nos llega casi sin quererlo. Algunos datos hablan por sí solos:

  • Cada segundo se envían 2,9 millones de correos electrónicos en el mundo.
  • Cada minuto se suben 20 horas de vídeo a Youtube
  • Al día se publican 900.000 posts en blogs
  • A diario Twitter ‘escupe’ 50 millones de tweets.

Ello conlleva, para mí, algunos efectos nocivos como son:

  • Muy difícil comprensión de todos los datos. Ante un aluvión informativo se antoja más complicado el análisis y profundización sobre todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Es imposible consumir todo lo que nos llega y, por tanto, solemos quedarnos con la cáscara de la realidad.
  • La importante pérdida de tiempo. Cada vez se hace más complejo llegar hasta la información que necesitas porque en el camino te cruzas con muchos contenidos que, en el fondo, no necesitas o no te interesan. Es fundamental saber qué y cómo lo buscas para no perder horas en un maremágnum de información.
  • La falta de concentración para afrontar textos en profundidad y análisis extensos. ¿Qué ocurre? Que procesamos ingentes cantidades de información, pero no tenemos el tiempo suficiente para analizarlo como se merece.

Y ante esto, ¿qué medidas tomar? Yo pongo estas en práctica:

  • La elaboración de una dieta informativa realista, seleccionando mucho las fuentes de las que beber a diario. A mí me ayuda muchísimo Google Reader, el lector de feed por excelencia. Hay expertos que señalan a Twitter como el sustituto del RSS, pero sigo pensando, al igual que otros como el experimentado Blogpocket, que carece aún de funcionalidades para organizar de forma eficaz tus fuentes de información.
  • La utilización de servicios web para poder posponer la lectura más pausada de la información. Yo he optado, principalmente, por Read it Later, aunque también está Instapaper.
  • La opción de repositorios de enlaces para su conservación (y no perder grandes contenidos en la vorágine diaria). Para mí, el mejor (pese a las quejas por sus cambios recientes) es Delicious.
  • Saber seleccionar a sus fuentes de referencia en las redes sociales, especialmente en Twitter, para convertirlos en sus principales prescriptores informativos a diario. Por tanto, depurar tus seguidos y organizarlo minuciosamente a través de listas para separar el grano de la paja.
  • Optimizar la búsqueda diaria en buscadores como Google, para evitar distracciones y pérdidas de tiempo innecesarias.

Y tú, ¿qué medidas tomas para afrontar ese aluvión?

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Más información:

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