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¿Qué me han enseñado las redes como periodista?

Las redes sociales han sido una bocanada de aire fresco para un periodismo que vive sus horas más bajas. No sólo han servido como instrumento de comunicación para revoluciones o como canal más directo entre el medio y su audiencia, sino también para hacer más humildes a los que lo ejercemos a diario. Estos días me preguntaba cómo he cambiado en el tiempo que llevo inmerso en este mundo 2.0, cuánto he aprendido. ¿El resultado? Las cinco enseñanzas que he recibido como periodista:

  • Menos impulsivo, más reflexivo. Uno de los grandes ‘peligros’ de las redes es, a la vez, uno de sus aspectos más interesantes: la inmediatez. Esa velocidad puede llevar a tirarse a la piscina cuando ésta no tiene agua. Por eso, he aprendido a ir con pies de plomo en mis opiniones y a contar hasta diez para escribir un tuit o un mensaje en Facebook. Esa calma también la he trasladado a la vida ‘offline’ y no me puede ir mejor. Al menos en mi caso, me han llevado a establecer una regla básica: plantéate la opinión contraria a la de la mayoría antes de hablar.
  • Más preparación sobre los temas. Como decía, la excesiva velocidad a la que se mueve Internet y el escaso tiempo para reflexionar y analizar en profundidad es, para mí, uno de los aspectos más preocupantes. Hace que muchos periodistas se lancen a opinar a la ligera sobre asuntos que no conocen al dedillo y suele acabar, en muchos casos, en una metedura de pata considerable. Las redes sociales nos han obligado a estar aún más preparados sobre lo que hablamos, pues al otro lado suele haber un ‘ejército’ de seguidores que te pedirán explicaciones hasta la extenuación.
  • El enriquecimiento con la diversidad de opiniones. En un mundo cada vez más polarizado, en el que se tiende a crear bandos en torno a los temas de actualidad, lo mejor que me han ofrecido las redes es encontrarme de forma muy directa con personas que piensan de forma opuesta a mí. Por naturaleza, solemos rodearnos en el mundo real con quien tenemos una afinidad personal. Pero Twitter o Facebook te pone en contacto con otros usuarios muy distintos y que, realmente, enriquecen tu visión y te ayudan a ser mucho más tolerante.
  • Disfrutar con los debates y la controversia. Admitámoslo: a los seres humanos nos gusta llevar la razón y que nos la den. Es así y negarlo sería una tontería. Y en el caso de los periodistas, está quizá más acentuado. Por eso, tras muchos e intensos debates 2.0, uno ha aprendido a disfrutar a lo grande con la controversia basada en argumentos de peso, con las discusiones y las diferencias profundas.
  • Rectificar es de sabios. Pese a contar hasta diez antes de expresar una opinión, la posibilidad de errar está ahí. Y lo que antes era una llamada al teléfono de tu redacción o una carta de un lector/oyente indignado hoy es un aluvión de mensajes de tus seguidores en Twitter o Facebook alertándote de tu equivocación. Los periodistas solemos ser, en general, poco dados a rectificar, pues basta con mirar el espacio dedicado a las fe de erratas de los periódicos. Pero las redes nos han enseñado (al menos, a mí sí) a ser mucho más humildes y reconocerlo abiertamente y al instante.

Ahora es tu turno. ¿Qué has aprendido en este tiempo 2.0?

  • En lo que a mí respecta, creo que las charlas que nos hemos tirado aquí hablan por si solas.

    Poder “discurtir”, hablar, negar, afirmar… Y no conocer a una persona, pero ser cordial y compartir información y experiencias, enriquece al periodista como bien dices.

    Así pues, y sin que sirva de precedente, hoy no discrepo 😉

    • Jesusmargon

      Seguramente no te lo vas a creer, pero he pensado en los debates que hemos tenido tanto aquí como en las redes al hacer el post. Ya te dije el otro día que me gusta mucho debatir. Enriquece mucho.
      Por eso, espero seguir teniendo tus visitas para discrepar 😉

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