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Contra la saturación social, una dieta equilibrada

Suena el despertador. La jornada comienza. Aún desperezándose abre Twitter y da los buenos días, actualiza su estado de Facebook y hojea lo que han publicado sus amigos. Llega a la cafetería para cargar fuerzas y hace ‘check-in’ en Foursquare señalando a la tostada de picadillo como la estrella de sus desayunos. En el camino ha tomado una fotografía curiosa y la cuelga en Instagram y Flickr. Mientras disfruta del desayuno lee los titulares de prensa y comparte algunas de las informaciones más interesantes, mientras contesta a algunas de las primeras menciones. Para terminar, le echa un vistazo rápido a Google Plus y Tumblr y revisa lo publicado en los grupos que más te interesan de Linkedin, además de aceptar varias peticiones de amistad en todas ellas.

Este podría ser sólo el comienzo de un estresante día cualquiera de un usuario activo en redes sociales cualquiera. Visto así, sobre el papel, resulta casi un infierno, una locura 2.0. Y, en cierto modo, puede ser así para muchos. La eclosión de la web social representa un fenómeno que nos ha creado la necesidad imperiosa de tener el don de la ubicuidad en la red. Algo que, inevitablemente, puede llevar a la saturación si no se tiene realmente claro que tener todos los frentes abiertos a diario es, directamente, imposible.

Cuando en 1995 surgiera Classmates, considerada la primera red social, nada hacía presagiar el nuevo ecosistema en el que hoy nos movemos. La explosión de los smartphones ha contribuido de forma decisiva a una veloz expansión que colocan a los españoles a la cabeza en tiempo consumido en las redes sociales entre los grandes países del mundo. En total, 68 minutos diarios, seguidos por los ingleses que consumen 61. Suponen, según este estudio de la consultora Mckinsey, casi uno de cada seis minutos que pasamos navegando en Internet. ¿Es mucho? Teniendo en cuenta que la popularización de las grandes redes comenzó hace no más de tres o cuatro años, es una barbaridad.

Fuente: Genbetasocial

La última incorporación ha sido Pinterest sobre la que, al margen de cuestiones legales, muchos usuarios hablan maravillas (no es santo de mi devoción, sinceramente). Pero antes llegaron muchas más hasta llegar a tener al alcance de la mano casi una red social para todo. Pero, ¿realmente todas nos son tan útiles como para tener que consumirlas a diario? En la respuesta a esa pregunta está la clave para evitar la temida saturación.

Al igual que los expertos en redes sociales diseñan una estrategia para sus clientes priorizando la presencia en redes de acuerdo a los ‘targets’ a los que se dirigen y a los objetivos que se marcan, los usuarios de a pie debemos elegir. Se trata de elaborar tu dieta 2.0, al igual que también lo haces con la información. Una dieta que debe completarse con los ingredientes que más se adapten a tus necesidades. Al igual que en el plano culinario hay siempre unos ‘fijos’ a diario como los cereales o las frutas y hortalizas, Facebook y Twitter podrían asumir ese rol, por ser más populares y masivas. El tercero debe ser aportado por cada uno. Yo utilizo Tumblr, pero en tu caso puede ser Youtube, Google+ o Tuenti. El resto debe estar presente en nuestros platos pero sin atiborrarnos a diario. En mi caso: para recopilación de contenidos, Delicious; para imágenes, Flickr e Instagram…

¿El resultado? Una dieta equilibrada, con las calorías justas y sin acabar en obesidad. Se trata, simplemente, de aprender a elegir en un ecosistema de sobreabundancia imposible de abarcar por mucho que nos empeñemos.

Porque, en las redes como en la vida, lo importante no es tanto la cantidad sino la calidad.

Ahora es tu turno: ¿Qué dieta 2.0 sigues?

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Otros documentos interesantes:

El estudio de Telefónica sobre la Sociedad de la Información en España correspondiente a 2011.

Las tres tormentas sociales, por Forrester Research.

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