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Privacidad vs comodidad: Google y Twitter

Te dispones a escribir un correo electrónico en tu cuenta de Gmail a un contacto con el que te comunicas prácticamente a diario. Escribes su dirección y antes de hacer clic en enviar aparece un mensaje que te hace mirar alrededor como si hubiera alguien vigilándote: ‘¿Quisiste decir también XXXX@gmail.com?’. El todopoderoso Google detectó que en el grueso de los emails que enviaba a ese contacto también lo hacía al segundo. ¿Conclusión? Se lo ofrezco y trato de facilitarle la tarea. ¿Facilitar la tarea o espiar en toda regla?

No es, en absoluto, un relato de ficción para tratar de escenificar lo que para mí es un problema de privacidad en la web. Se trata de una experiencia verídica de un servidor y que sirvió para que me planteara de forma seria hacia dónde caminamos en la Red. ¿Hasta qué punto somos conscientes de los datos privados que estamos entregando con pasión a los propietarios de servicios web que usamos a diario? ¿Cuánto estamos dispuestos a ‘pagar’ para que nos faciliten la experiencia en el correo, en las búsquedas o en las redes sociales?  Con los últimos cambios en la gestión de privacidad de Google, ¿qué nos queda, realmente, de la privacidad inocente con la que nos lanzamos a navegar años atrás?

Reflexionando sobre todos estos peligros, entra en escena Twitter y se sube al carro de la personalización de los servicios a costa de la privacidad. La red de microblogging cambiará sus sugerencias, teniendo más en cuenta el tipo de páginas webs que visita cada uno de los usuarios. No hay duda que afinarán mucho más, pues se repite la mofa sobre el poco acierto que tienen muchas de las recomendaciones actuales. Pero, ¿cómo? Obteniendo los datos de nuestros hábitos de navegación. Es cierto que se plantea como una opción y no como una imposición, ya que el usuario podrá desactivarlo directamente en su configuración. Sin embargo, uno empieza a plantearse dónde está el límite.

Estos son tan sólo dos ejemplos de muchos servicios web que hemos introducido en nuestro día a día y cuyas empresas cuentan con ingentes cantidades de información sobre nuestros gustos, nuestros hábitos o nuestras amistades. Algo que resulta, cuando menos, incómodo y preocupante. Preocupante no por la privacidad que, de forma más o menos sencilla, se puede gestionar por parte del usuario, sino la que no controlamos.

Servicios como el que está implantando Twitter o las búsquedas sociales de Google, a través de las cuáles aparecen en los primeros resultados los contenidos que han compartido tus amigos en su red social G+, pueden hacerte la navegación más fácil y cómoda. Pero se consigue a través del uso de unos datos que deberían ser privados. Porque, en mi caso lo tengo clarísimo: Sacrifico la comodidad y una experiencia más personalizada en la red en beneficio de mi privacidad. Pero, ahí está la duda: ¿Dentro de unos años habrá opción?

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Bonus Track: Un vídeo en el que se alerta del peligro de los filtros en la Red impuestos a través de nuestros hábitos de navegación. Muy recomendable.

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