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Periodismo express, desahucios y suicidios: ¿Otra línea roja traspasada?

En los últimos años ha habido una regla no escrita en el periodismo sobre los suicidios: no se informaba sobre ellos por el llamado efecto Werther, el efecto imitación, que es reconocido incluso por la Organización Mundial de la Salud. Está comprobado que la publicación de estos sucesos puede despertar pensamientos suicidas en personas que atraviesan momentos similares al protagonista de la noticia. Con el tiempo, se introdujo la variable del carácter informativo del hecho para justificarlo: si era una persona conocida o si las circunstancias especiales que lo rodeaban hacían imprescindible informar.

Como habrán podido comprobar en este tiempo, el que hizo la ‘ley’ hizo la trampa. Se trataba de una norma ética que algunos medios, en su afán por recabar ‘clics’, por acudir al morbo para ganar lectores o por intentar ‘humanizarse’ tras años de alejamiento de la sociedad, acababan saltándose mediante argucias del lenguaje de todo tipo. La más repetida, y que el que escribe ha leído en infinidad de ocasiones, es ese ‘se precipitó al vacío por razones que aún se desconocen’.

El origen

En ese sensacionalismo creciente, llegamos a nuestros días. Miles de familias ahogadas por las deudas hipotecarias son desahuciadas. Un fenómeno con el suficiente dramatismo y dureza como para ser un ‘caramelo’ para los que buscan clics fáciles en sus noticias. Como en todo, hay un origen y quizá está en ese jubilado griego que, ahogado por sus deudas, se quitaba la vida en la Plaza Syntagma, de la capital helena, en abril de este año. Era el comienzo de lo que hoy es una tendencia muy peligrosa y que habla por sí sola de la crisis de credibilidad que está viviendo nuestro oficio.

Esta misma mañana, los grandes medios, impulsados por esas prisas que tanto mal están haciendo al periodismo, no lo dudaban ni un segundo: un hombre se suicida ante una orden de desahucio en Córdoba. Corre como la pólvora, llegan centenares de clics a sus ediciones digitales y todo iba como esperaban. Hasta que la familia asegura que la ejecución hipotecaria no está detrás de este triste suceso, sino una crisis familiar. Un ‘desahucio familiar’. Llegan las rectificaciones, pero el daño ya está hecho. Acuérdense del efecto Werther, mencionado más arriba.

La justificación y el precedente

La justificación que esgrimen estos medios y algunos periodistas es que hay que informar sobre ello porque es uno de los mejores termómetros de la crisis y con él se trata de concienciar al resto de la población de lo que está ocurriendo a su alrededor, de la tragedia que se está viviendo con las familias ahogadas por sus deudas. Pero, me pregunto: ¿Realmente compensa informar de ellos ante los riesgos más que evidentes de ‘efecto contagio’ o, incluso, de errar y dar por hecha la relación desahucio-suicidio, sin que ésta sea confirmada totalmente? Mi respuesta es no. No compensa.

El límite que se está traspasando es muy peligroso. El precedente que se sienta lo es aún más. Recuerdo el hito que marcó en el periodismo basura la tragedia de las niñas de Alcásser y el programa de Nieves Herrero en Antena 3. Lo recuerdo y pienso en el daño que ha hecho ese sensacionalismo. Y pienso que las prisas, el morbo y las tragedias nunca se llevaron bien. Y que otra línea roja sería la puntilla.

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Imagen: Audiovisuales Acampadazgz

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