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El ‘poder’ de los lectores en eldiario.es: ¿Un arma de doble filo?

Presentación de eldiario.es.

Presentación de eldiario.es.

Que los periodistas recuperen el control de los medios, y volver a mirar de nuevo a los ojos al lector. Es lo que se reclamaba a gritos en una de las mayores crisis de credibilidad que se recuerdan en los medios y que han hundido a los periodistas como los profesionales peor valorados de la sociedad en nuestro país. Ante ese reto, llegó eldiario.es, uno de los ‘laboratorios’ de esa nueva forma de hacer periodismo. El medio digital ha planteado la figura de los socios como figuras fundamentales para sostener el negocio. A cambio, les ha devuelto un ‘poder’ que puede convertirse en un arma de doble filo.

Como decía, eldiario.es es uno de esos nuevos medios surgidos en esta crisis económica que trata de cumplir con este oficio de una manera distinta. En su sistema, los lectores recuperan el protagonismo que nunca debieron perder. El principio es claro: sostienen una parte significativa del negocio con sus aportaciones mensuales y, a cambio, tienen mucha más voz en el devenir de la cabecera. Los accionistas sobre el papel son otros, pero ellos ejercen como tal en la práctica del día a día. Este sutil, pero decisivo, cambio en la organización del medio es un boomerang que entraña ciertos peligros. Su director, Ignacio Escolar, ya lo ha vivido en primera persona y veremos por qué.

Primero fue el pasado 28 de abril, cuando la publicación de un artículo firmado por el economista Ignacio Conde Ruiz despertó encendidas críticas entre la comunidad del diario digital. Los comentarios eran un hervidero y algunos lectores amenazaron con darse de baja ante esta decisión editorial. Ellos entendían que era una pieza sin cabida en un medio progresista. Escolar se vio obligado a batirse el cobre en el debate dentro de la web, explicando que fue una decisión que tenía un trasfondo: la pluralidad de ideas.

Sólo unos días después, el 2 de mayo, el blog ‘Zona Crítica’ publicó un artículo de Roger Senserrich, conocido en las redes como @Egocrata. Versaba sobre el suceso de la fábrica en Bangladesh y su posición de base estaba cargada de polémica. El argumento principal es, cuando menos, discutible: “Los obreros que trabajan en las sweatshops en países del Tercer Mundo lo hacen porque quieren ya que, aunque parezca mentira, la alternativa es mucho peor”. Su publicación incendió de nuevo a la comunidad del diario. Tanto que, a la postre, Escolar pidió disculpas, pues suya fue la decisión ante la negativa de la mayor parte de la redacción. Otra vez tuvo que remangarse y dar explicaciones casi uno por uno a unos lectores, entre los que estaban algunos que repitieron las amenazas de una salida como socios.

Más allá de la justificación o no de las quejas de los lectores, estos casos me dejan un sabor agridulce por dos razones. Por un lado, demuestran que se puede devolver el protagonismo a los lectores. Pero, por otro, los intentos de censura, de chantaje no son, en absoluto, alentadores y demuestran que la polarización ha calado hondo. Se basan en un principio peligroso si aspiramos a que sean ellos los que sostengan económicamente los nuevos medios: si no escribes lo que yo quiero leer o lo que yo defiendo, entonces no te quiero.

Puede que la publicación del artículo de @Egocrata tenga difícil justificación por la premisa en la que se basa. Es posible. Pero también es cierto que la riqueza de argumentos y posiciones enriquece el debate público y a quien participa en él. Tratar de sesgarlo es volver al mismo juego que tanto se ha criticado en el statu quo mediático actual.

¿Se pasa así de las presiones y censuras empresariales que, hasta ahora, hemos sufrido a las del lector? ¿Ceder a ellas es justificable y nos hace mejores periodistas? ¿Quien paga tiene derecho a decir lo que se debe publicar allí? Muchas dudas. Muchas. Demasiadas.

Y tú, ¿qué opinas?



Imagen | Tripu

En Historias de un optimista | Es la crisis de credibilidad (en los medios), estúpido y Periodismo sin autocrítica, periodismo muerto 


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