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La venta del Washington Post y el sabor agridulce para el periodismo

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En el buen periodismo, siempre debió haber un equilibrio que hoy más que nunca se hace harto complicado: suficiente negocio para tener la mayor libertad posible, pero menos que el suficiente para hipotecar el futuro y la credibilidad. En sí es una paradoja: para ejercerlo de forma libre e independiente es necesario dinero con el que pagar a los profesionales, pero las fuentes de las que éste procede casi nunca estarán exentos de intereses no siempre compatibles con esas loables intenciones como ‘cuarto poder’.

Hoy, la prensa escrita vive atrapada en la trampa de ese negocio. Durante años, creció y creció sin parar: enormes redacciones y estructuras, ingentes gastos para imprimir y distribuir cientos de miles de ejemplares con las noticias de ayer, salidas a bolsa, grandes conglomerados empresariales… Todo ello hacía a las cabeceras enormemente pesadas pero, a la postre, rentables para sus propietarios. Pero para lograr esos beneficios, el equilibrio acababa rompiéndose: había demasiado dinero y la credibilidad empezó a escasear. Eso, junto con la revolución digital y una crisis global sin precedentes, los ha vuelto débiles.

En esas estábamos cuando llega un movimiento que, aún siendo sorprendente, no resulta descabellado: el fundador de Amazon, Jeff Bezos, con una fortuna valorada en 28.000 millones de dólares, compra con 250 millones de dólares (en efectivo) el mítico diario The Washington Post. La adquisición, cuya vertiente puramente económica he tratado en este artículo, ha levantado una enorme polvareda en el sector, que lo ve con cierto recelo. Mucho se ha hablado sobre este cambio de manos, del que no hay muchos detalles que hablen de futuro. Ese que tanto importa en una industria en plena reconversión y en su momento de mayor debilidad.

Al margen de los detalles económicos, uno como periodista tiene certezas y dudas sobre un movimiento que es el signo de unos tiempos complejos. Entre las primeras:

– Los grandes periódicos siempre tuvieron dueño. A veces nos olvidamos, que hasta las cabeceras más históricas tuvieron propietarios que contaban con intereses e, incluso, inversiones en muchos sectores.

Afectará a la línea editorial del periódico. En la medida en la que quien lo ha comprado no querrá ver, por ejemplo, en primera página y a cinco columnas que la compañía que fundó y colocó como líder del comercio electrónico está en ese grupo de poco cumplidoras con el fisco. Pero igual que ocurre en otros muchos medios con sus respectivos propietarios.

Devaluación. Primero fue The Boston Globe que ha sido vendido por The New York Times por 70 millones de dólares, menos de un 10% de lo que le costó adquirirlo en 1993 (1.100 millones). Ahora es The Washington Post, con un coste de 250 millones de dólares, una cifra que, a mi juicio, es la mejor muestra de la depreciación de una industria que no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos.

Será un ‘laboratorio’ de ideas. El nuevo propietario está dispuesto a “innovar y experimentar” con el periódico, lo que acarreará nuevas ideas. Como siempre, de un atolladero como este sólo se sale con ‘ensayo-error’.

Teniendo eso claro, a un servidor le surgen varias dudas:

– Es una posibilidad de oxígeno empresarial… ¿Y periodístico? ¿Bezos respetará la credbilidad e independencia del periódico, su principal materia prima con la que generar beneficios? ¿Lo utilizará, a la postre, como ‘arma’ empresarial?

¿Son los millonarios o grandes inversores el futuro de las grandes cabeceras? Estos dos casos recientes de dos grandes cabeceras norteamericanas ‘malvendidas’ a dueños de importantes fortunas, ¿señalan el camino? ¿Es lo único?

– ¿Trasladará Bezos la filosofía de Amazon, con la que prioriza la mejora de los ingresos de cara al futuro frente a los beneficios? ¿Cuáles serán esas nuevas formas de incrementar el volumen de negocio, principal reto de las grandes cabeceras?

¿Mantendrá la edición en papel durante mucho tiempo? Un tipo que puso no hace mucho fecha de caducidad a los diarios impresos y que tiene un perfil claramente digital, ¿qué hará a corto o medio plazo con la edición ‘tradicional’?

Algunas certezas y muchas dudas en unos tiempos de grandes cambios. Unos cambios cuyo final sigue siendo una incógnita. Por lo pronto, el sabor es agridulce.

En Historias de un optimista | Negocio periodístico

Imagen | bikesandwich

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