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La dictadura de las prisas

  • 10 noviembre 201310/11/13
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Segunda entrega de las ‘Historias de un optimista’ en Cope Jaén. Esta vez sobre las prisas, las malditas prisas que nos hacen ir corriendo de aquí para allá.

Prisas

Ocho y media de la mañana.

La ciudad está en plena ebullición. Aprietas el paso. Quieres cruzar antes de que aquel impaciente muñeco del semáforo se ponga rojo y te haga perder esos valiosos treinta segundos de tu tiempo.

Lo haces mientras consultas absorto la programación de tu prometedor día en el móvil. Justo pasas delante de un músico callejero sin apenas prestarle atención.

Sólo caben reuniones, asuntos pendientes y preocupaciones. Era un magnífico saxofonista. Te estaba regalando dos minutos de buena música y tú acabaste por ignorarlo.

En ese preciso instante, recibes la llamada de tu padre. Sólo quiere darte los buenos días y preguntarte cómo estás. Terminas la conversación en menos de 30 segundos. No tienes tiempo para eso. En otra ocasión mejor.

Y es probable que llegue otra ocasión. Pero la de hoy, esa en la que podías haberle recordado lo que lo quieres y lo orgulloso que estás de él, ya la perdiste.

Y la perdiste por las prisas. Las malditas prisas que te impidieron disfrutar de dos minutos de magnífica música en aquella esquina.

Que te hicieron olvidar que hoy era un gran día para tu hija en el cole. Que siempre ponen tu atención en la siguiente parada y no en el trayecto hasta ella. Que acabaron por borrarte la sonrisa del rostro.

Vivimos demasiado deprisa. Pero no es algo irreversible. Y por eso debemos frenar y recuperar la esencia de todo esto. Acabar con esta carrera sin sentido cuya meta nunca llega. Saber caminar por este mundo sin la dictadura del reloj.

Y debemos hacerlo ahora. Porque mientras corremos hacia el futuro, nos acabamos perdiendo grandes dosis del presente. Un presente que, pese a las dificultades, merece ser vivido sin prisas.

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Créditos: Imagen de josusache

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  • Gran reflexión, Jesús. A menudo nos perdemos en la rutina, las necesidades impuestas y la vida estresante. Toca cambiar de chip y parar, de vez en cuando.

    Un placer haber descubierto tu blog y tus contenidos. Saludos y ánimos optimistas! 🙂

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