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El poder del prestigio: periodistas con ‘marca’ dan el salto

Mossberg

Son periodistas cuyo prestigio les ha hecho ser un activo de gran valor para sus empresas. Son profesionales que por su buen trabajo y su repercusión son seguidos con fidelidad por unos lectores que empiezan a acudir más a los grandes medios por las firmas a las que dan cabida que por su contenido general. Las marcas de quien produce, frente a las marcas de quien auspicia.

Ezra Klein es un bloguero del Washington Post especializado en política que planteó a la dirección del diario la creación de un sitio web afiliado al medio y que, tras la negativa (pedía una inversión de ocho cifras), se plantea marcharse para hacerlo de manera independiente.

Glenn Greenwald, periodista independiente que logró destapar el escándalo de la NSA para The Guardian, ha iniciado la puesta en marcha de un nuevo medio apoyado por el fundador de Ebay, Pierre Omidyar.

O Walter Mossberg y Kara Swisher, ambos periodistas que lideraron el medio especializado en tecnología AllThingsD, abandonaron Wall Street Journal junto a todo el equipo de periodistas para levantar ‘Recode’.


[LEE TAMBIÉN: La marca del periodista, ¿y si se pagara por firmas y no por medios?]

Hay otros muchos casos en Estados Unidos. Pero no sólo allí, también en España los tenemos. La mayoría de nuevos medios creados en los últimos dos años tienen a periodistas ‘criados’ bajo marcas tradicionales entre sus impulsores.

Puede que el caso de Ignacio Escolar y ‘eldiario.es’ sea el paradigma, pero se pueden sumar muchos más que, por ejemplo, surgieron tras la reorganización del diario Público.



Dos implicaciones significativas

Es una tendencia evidente de la que ya reflexionamos juntos en un artículo sobre si la gente estaría dispuesta a pagar por leer a periodistas concretos y no a grandes marcas de medios completas. Y esta tendencia tiene, para mí, dos implicaciones muy significativas.

La primera de ellas tiene que ver con el origen de todos estos periodistas. Se trata de profesionales que, en un ‘mercado’ con una enorme competencia, construyeron gran parte de su reputación bajo el amparo de grandes firmas ‘tradicionales’. Klein en Washington Post, Greenwald en The Guardian (y otros medios), Mossberg en Wall Street Journal…

Es el escaparate, la posibilidad de labrar esa marca, de construir una buena red de fuentes, de crecer como profesionales. Cuando la repercusión es suficiente como para sostener un proyecto alternativo (eso sí, apoyados con financiación de otros inversores), dan el salto.

¿Y si Klein fuera un bloguero independiente y hubiera tenido que construir su marca desde cero? ¿Y si Ignacio Escolar no hubiera sido director de Público o no hubiera trabajado su propia marca durante 3 años en tertulias y periódicos antes de lanzar eldiario.es? ¿Y si Mossberg no hubiera tenido una columna de opinión sobre tecnología en el prestigioso e influyente WSJ?Quién sabe. Puede que hubieran llegado hasta donde están hoy o puede que no. Lo que resulta evidente es que el patrón se repite en prácticamente todos los casos.

La otra implicación es para las empresas periodísticas. El caso de Mossberg con AllThingsD sienta un precedente: un ‘líder’ se lleva a toda una redacción a otro proyecto independiente, también enclavado bajo el paraguas de otro gran medio (NBC Universal News Group) y abandona ese medio de la noche a la mañana. La fuerza empieza a estar también en los periodistas y no tanto como hasta ahora en las grandes compañías.


[LEE TAMBIÉN: La marca personal, ¿qué entendimos mal en el camino?]


¿Una oportunidad para el ‘freelance’?

Huella-Marca-Personal

Y con toda esta perspectiva, cabe preguntarse si esta puede ser una oportunidad para el periodista ‘freelance’. Para encontrar la respuesta, hay que hacer dos aclaraciones fundamentales:

  • Forman parte de la élite del periodismo. Hablamos de profesionales con una enorme repercusión, con muchos años de trabajo y esfuerzo a sus espaldas gracias a los cuales se han convertido en una ‘autoridad’ en su área especializada.
  • Muy pocos trabajan de manera efectivamente independiente. Como hemos visto, sus inicios se basan en un trabajo continuado para una misma empresa periodística.

El freelance acaba trabajando también para grandes medios, donde también puede construir esa marca, esa autoridad para después plantearse poner en marcha una ‘aventura’ independiente.

Pero aún así, se percibe hoy más que nunca que, gracias a la multitud de herramientas digitales, empiezan a ganar mucho más peso las firmas en detrimento de las grandes empresas que las acogen. Y eso abre un horizonte esperanzador.


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Créditos de las imágenes: Andrew Feinberg

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