Blog

¿Escribir claro? Lecciones útiles para periodistas

Escribir-Claro

Rafael Nadal dedica horas y horas a tener a punto su cuerpo. Es su herramienta de trabajo. No tenerla al 100% le pondría mucho más difícil su reto de seguir ganando y ser competitivo en la élite del tenis.

La herramienta fundamental de trabajo del periodista es la palabra. Y como ocurre en el caso de Nadal con su físico, ha de estar a punto. A veces, los periodistas caemos en el error de creernos que ya sabemos todo. Que ya no es necesario entrenar.

Y sí, claro que es necesario profundizar. Conocer todo lo que puedes hacer con ella, para luego usarla de la manera más acertada posible en cada momento.

Bajo esa premisa, decidí leer al amigo Jordi Pérez Colomé en ‘Cómo escribir claro’. Como decía en unas primeras notas a vuelapluma justo después de llegar al final del libro, lograba dos objetivos: entrenaba la palabra y apoyaba la admirada tarea de un compañero.

Y más allá de esas primeras notas, querría compartir algunas de las lecciones aprendidas, interesantes para el día a día de un periodista.


Lección 1: El primer objetivo, ser entendido

Puede parecer una obviedad pero leyendo algunos textos (la selección que hace Jordi tiene algunos ejemplos memorables) no lo es. Cuando un periodista se dispone a escribir una crónica o un reportaje, el objetivo debería ser la comprensión. Que quien está al otro lado, entienda claramente el mensaje.

Y eso se consigue, sobre todo, poniéndose en la piel del lector. Organizar y estructurar las ideas antes de ponerse a escribir es un paso obligado. Y, sobre todo, poner la palabra al servicio de la comunicación.


Lección 2: La austeridad como principio

Sujeto, verbo y predicado. ¿Por qué complicarlo más? Llenar un texto de adjetivos, palabras rimbombantes o circunloquios no hace mejor al que escribe. Quizá, al contrario: puede que sirva para hacer su texto más difícil de comprender.

Saber colocar los adjetivos donde sean necesarios es también un ‘arte’. Utilizar las palabra justas, también. Sin rodeos, ni frases interminables.

La austeridad es un acertado principio sobre el que basarse para abordar un texto. Es bueno tener siempre como fin último esa claridad y construir el mensaje para conseguirla.


[LEER TAMBIÉN: ¿Por qué te hiciste periodista?]


Lección 3: El estilo no debe obsesionar

Hay que reconocerlo: a todos nos encantaría que alguien reconociera un texto nuestro sin la necesidad de leer el nombre del autor. Tener un estilo definido y único es una aspiración legítima. Pero no llega sin antes haber logrado la ansiada claridad.

Ese estilo acabará fluyendo poco a poco. Sin obsesionarse, ni caer en clichés inútiles (en los que muchos hemos caído alguna vez).


Lección 4: La perfección es inalcanzable

Seguro que has estado retocando una y otra vez un texto. No encontrabas la palabra exacta, que reflejara lo que realmente tienes en la cabeza. Pues, ¿sabes qué? Está comprobado que a partir un número de repasos, la mejora que puede tener un texto es muy inferior a lo que podríamos pensar. Releer y corregir es una obligación. Intentar la perfección absoluta es un error.

Eso debe llevarnos a una conclusión: el peor texto, casi siempre, es el que no se publica. La perfección no existe. Plasmar tus ideas en un papel no es un proceso sencillo y no siempre funciona como esperas. Ser consciente y convivir con ello nos permitirá darle al botón de publicar aspirando a que el de mañana sea un poco mejor.

Estas son sólo las lecciones extraídas de la lectura del libro de Jordi Pérez Colomé. Pero en él se muestran muchos más trucos, fórmulas y consejos que pueden resultar muy útiles para el día a día. Un contenido que puede ayudarte a recuperar la esencia de escribir: ser claro. Tan fácil y tan complicado, a la vez.

Si te gustó el artículo, ¡compártelo en las redes sociales!

Imagen: Manofstaste.de


Contenido en tu correo

¿Quieres contenido del blog en tu correo?
Sucríbete

This is a unique website which will require a more modern browser to work! Please upgrade today!