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Siete años

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2007. Los primeros efectos de la tormenta ya se sentían. Un joven periodista de 23 años enviaba su currículum y, sobre todo, sus inmensas ganas a través de un correo electrónico. “¿Por qué no ser el corresponsal de Jaén para el periódico económico de referencia?”, me preguntaba en una mezcla de pasión e insensatez. En aquella época, en la que las cuentas de resultados de los grandes medios ya empezaban a sentir los efectos del terremoto, no trabajaba como freelance. Era un licenciado con un título bajo el brazo que ejercía en un periódico gratuito local y al que le faltaba (y le falta) muchísimo por pulir y aprender.

Pero las palabras de ese correo electrónico desprendían ganas. Muchísimas ganas. Era una propuesta de trabajo en toda regla. O, al menos, una promesa honesta. De esfuerzo y sacrificio para mejorar desde la humildad de alguien a quien le quedaba (y le queda) todo por delante.

Sin saberlo, era la primera vez que actuaba como un freelance. Como un verdadero freelance que, a pecho descubierto, se presentaba ante un experimentado periodista económico, responsable de la edición andaluza de Expansión, para pedirle una oportunidad contando historias sobre las empresas y la economía de su tierra. Sin que nadie se lo hubiera pedido.

Y la oportunidad llegó. Una primera información sobre una empresa siderúrgica valenciana: Ros Casares. Recibía un incentivo de 3 millones para construir una fábrica. Más potencia industrial para una provincia, la de un servidor, que tanto la necesitaba.

Hoy esa misma empresa, que en aquella época preveía una inversión de 41 millones en Andalucía, ha presentado concurso de acreedores. Las deudas acuciantes los han empujado al precipicio. Como a tantos otros.

Después de esa información llegaron más. Muchas ilusionantes, pero también otras que hacían fruncir el ceño a cualquiera. No creo que sea necesario recordar los destrozos que generó la crisis. En aquel tiempo, tuve que ponerme las pilas para aprender. Un curso autodidacta acelerado sobre el empresariado jiennense, su industria y, sobre todo, su potente sector agrícola.

Hoy, siete años después, sigo trabajando para ese periódico contando historias de empresas. Ahora, como freelance, con más experiencia y con otros frentes. Pero con la misma ilusión y, sobre todo, con las mismas ganas y humildad para no dejar de aprender. 

Han sido siete años de dura crisis, cuyos efectos también he tenido que contar. Con más dolor si cabe, por el optimismo al que no renuncié ni en los peores momentos. Fue un camino de retos, pero también de grandes enseñanzas. Para mí y para todos los jóvenes que, como yo, casi no sabemos lo que es ejercer nuestra profesión sin el campo embarrado. Fue un trayecto que ha curtido la piel y la ha hecho resistente.

Después de todo este tiempo, esa misma generación sigue ahí. Reclamando el lugar que le corresponde y se ha ganado, ahora que los nubarrones empiezan, poco a poco, a retirarse.

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Llevaba algo más de un mes sin publicar en el blog. Pido disculpas pero han sido semanas de frenética actividad y, también, de reflexión. Seguiré por aquí con cierta regularidad.

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  • Raúl Masa

    Soy yo, el Masa… pero con mi avatar de baloncesto, es que lo tenía abierto, y ya tú sabes, por no loguarme otra vez…

    ¡¡7 años!! Puede que sea típico lo del “que sean otros 7 más”, pero en este caso, y pese a la distancia, se lo digo totalmente en serio. No hay semana que no aprenda algo de usted, que no lea algo nuevo, distinto, incluso en alguna ocasión ha provocado en mí lo más grande que se puede hacer: cambiar de ideas.

    Son tiempos duros, difíciles, pero lo importante, supongo, es poder decir precisamente eso y seguir caminando.

    • Sabes que me encanta que llegues por estos lares a comentar. En este mundo, que a veces va demasiado deprisa, estos comentarios en el blog se han convertido en un preciado ‘regalo’.

      No sé si serán 7 más. He aprendido a no hacer planes a largo plazo. Lo mejor es que hoy sigue siendo así.

      Sólo digo que el cariño, el aprecio y esa sensación de aprender a diario son mutuas. Y saber que he podido ayudar, aunque sólo sea un poquito, me hace sentir realmente bien. Gracias, de veras.

      Seguimos en la lucha, de eso no cabe duda. Si lo hicimos con el campo embarrado, ya aprendimos a hacerlo en las peores circunstancias.

      Abrazos.

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