Ser pesimista es 'cool' y otros mitos del montón

Ser optimista es de ilusos y empuñar el pesimismo como arma es de inteligentes, de mentes privilegiadas que ven la realidad tal y como es, que no venden humo... Bla, bla, bla. Seguro que lo habéis oído/leído alguna vez y más en esta etapa convulsa que vivimos, en los que tratar de poner la vista en el lado brillante Read more

La dura batalla por recuperar la esperanza

Era marzo de 2008. Aún estábamos al comienzo de una casi eterna travesía en el desierto. Nada hacía presagiar lo que aún quedaba por llegar (y por sufrir). Fue en ese punto de la historia, de nuestra historia, donde surgió un carismático senador negro en EEUU que repetía una y otra vez una palabra: Hope. Sus discursos estaban repletos Read more

El 'poder' de los lectores en eldiario.es: ¿Un arma de doble filo?

Que los periodistas recuperen el control de los medios, y volver a mirar de nuevo a los ojos al lector. Es lo que se reclamaba a gritos en una de las mayores crisis de credibilidad que se recuerdan en los medios y que han hundido a los periodistas como los profesionales peor valorados de la sociedad en nuestro país. Read more

Las pequeñas alegrías con las que no dejar de luchar

Ese pensamiento con el que ríes sin parar. Ese café eterno para compartir una esperada conversación. Esa canción maravillosa que suena en el ordenador y que te empuja a bailar y cantar sin más. Ese paseo por calles aún por descubrir. Ese nuevo reto conseguido. Esa reconfortante sensación del trabajo bien hecho. Ese abrazo en el momento en el que más lo necesitas. Esa mirada de Read more

La marca del periodista: ¿Y si se pagara por firmas y no por medios?

La marca personal es uno de esos conceptos manidos hasta la saciedad, repetido en infinidad de congresos y jornadas endogámicas, utilizado por un buen número de esos gurús que siguen sentando cátedra sobre cómo hacer periodismo detrás de la mesa de un despacho. Es, quizás, uno de los máximos exponentes de ese humo que envuelve en demasiadas ocasiones a Read more

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Los blogs, ¿víctimas de las prisas?

“Tanta prisa tenemos por hacer, escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: vivir”. (Robert Louis Stevenson)

El reloj, el maldito reloj que se nos ha colocado en estos tiempos sobre nuestras cabezas nos hace víctimas de las prisas, de la urgencia, de la impaciencia…  No hay tiempo para atender a demasiados frentes, demasiadas tareas, demasiada información. Es la era del último minuto, de la inmediatez. Y en esta especie de carrera sin meta ni horizonte internet es el paradigma y los blogs, una de sus víctimas. Y me explico.

Hace unos días decidí buscar nuevas fuentes blogueras para renovar mi listado de feed en Google Reader (sí, aunque no lo crean, sigo teniendo un lector de RSS que uso diariamente en la era de Twitter y Timelines). Eliminé un buen puñado por los que había perdido interés o estaban en horas bajas y me dispuse a bucear en la red para encontrar bitácoras que me engancharan de nuevo. Y cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que un porcentaje muy alto de las que visité tras mucho tiempo estaban al ralentí o, directamente, abandonadas.

No fue algo sorprendente, pues la tasa de abandono de los blogs en España es bastante alta y sólo unos pocos elegidos son los que la mantienen realmente activa. En cifras, el último estudio de la blogosfera llevado a cabo por Bitacoras.com lo corrobora: sólo siete de cada cien bitácoras hispanas se actualiza con cierta frecuencia y sólo tres se pueden considerar activos.

Pese a no ser ninguna sorpresa, no deja de resultar triste que las prisas, la sobreabundancia de información o las redes sociales hayan motivado el cierre o el abandono de grandes bitácoras. Hay sectores como el económico o el tecnológico que mantienen aún el tipo en la blogosfera, pero siempre gracias a marcas ya consolidadas sin apenas incorporaciones nuevas que renueven el panorama patrio.

Es aquí donde yo también entono el mea culpa y reconozco que en estos últimos meses también he sido presa del reloj y el tiempo dedicado a este blog es mucho menor del que desearía. Lo mantengo activo (y así lo seguiré haciendo, al menos, mientras pueda) por una cuestión de principios: hoy valoro más que nunca la pausa frente a la prisa, la reflexión frente a la precipitación. Sigo disfrutando elaborando cada entrada y es por esa razón por la que sigue abierta la ventana, pese a todo.

Sin lugar a dudas los blogs se están convirtiendo en otra víctima más (de una larga lista) de esa insaciable espiral de la urgencia que todo lo engulle. Ojalá nos demos cuenta pronto de que correr a toda velocidad sin una meta fija y un objetivo carece de todo sentido. Espero que mientras tanto las bajas no sigan creciendo.

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Imagen: Sfer

Publicado en por Jesús Martínez González in blogs, Internet 2 Comentarios

Calidad frente a cantidad: un giro a las ‘Historias de un optimista’

Dice el escritor mexicano  Doménico Cieri que la prisa es la trampa del tiempo. Estamos inmersos en un mundo que nos obliga, directa o indirectamente, a vivir a toda velocidad. Lo importante es llegar el primero a toda costa, sin más. Y con esas ruedas de molino, un servidor que les habla no comulga.

Puede parecer una incoherencia habida cuenta de que lo hace alguien que se gana la vida en el oficio más maravilloso del mundo, al que la rapidez se ha unido como un concepto intrínseco. Nada más lejos de la realidad. Es precisamente por coherencia por lo que quiero plantearme levantar el pie del acelerador que hoy está pisado a fondo. Hacerlo no sólo en el ámbito personal, sino en el plano profesional. Y ahí es donde entra este blog, que me acompaña y forma parte de mi vida desde hace ya varios años.

En internet estamos inmersos, como traté de trasladar hace varios días en el post ‘¿Por qué simplificar cuando es necesario profundizar?’, en un preocupante proceso de simplificación excesiva en un mundo que requiere pausa y reflexión. Así, yo también me subí a ese carro y me obligué a mí mismo a actualizar esta casa a diario con contenidos propios u opiniones sobre temas como el periodismo, la comunicación o las redes sociales. Seguí a una cantidad ingente de fuentes que no hacía más que incrementar la temida infoxicación e intenté abarcar mucho más de lo que los ‘brazos’ virtuales me permitían. Pero en honor a esa coherencia a la que hacía mención más arriba, debo frenar.

¿Y eso qué significa? Pues que mi filosofía de publicación cambiará: más profundidad, pese a menos cantidad. No quiero obligarme con secciones con una periodicidad casi imposible (como la de ‘Maravillas del marketing en redes’), ni un calendario de publicación que no haga más que generarme insatisfacción por no ofrecer el contenido que me gustaría. Para los ‘fogonazos’ está Twitter y Facebook y para las anotaciones está Tumblr. Por tanto, esta casa quiero reservarla para seguir diseccionando temas de comunicación, periodismo o redes sociales pero de forma más pausada y reflexiva. Quiero abrir esta ventana, al menos, una vez por semana pero para profundizar. En un mundo de sobreabundancia, esa coherencia de la que hablábamos antes me lleva a apostar por un principio básico: Menos y mejor frente a más y peor.

Pero que quede claro algo: Seguimos en la brecha. Ahora más que nunca.

Publicado en por Jesús Martínez González in blogs, Personal-Varios 8 Comentarios

¿Por qué simplificar cuando se necesita profundizar?

Meter en una coctelera las prisas y el aluvión diario de información dan hoy un peligroso resultado: la excesiva simplificación de los contenidos de internet. En las últimas semanas está haciendo las delicias de la red el ‘boom’ de Pinterest, una plataforma de publicación que se basa, principalmente, en la imagen y que está aglutinando más tráfico web que Youtube, Google+ y Linkedin juntos. Su expansión tan veloz y su absoluta simpleza es el paradigma de los cambios que se están desarrollando en Internet y que, al menos a mí, no me gustan.

Existe el mayor aluvión de información de la historia y, quizá, el menor tiempo posible para asimilarla. Ese infoxicación, a la que le he plantado batalla en algún post en esta casa, está cambiando los hábitos de consumo de los usuarios. Si le dan a la elegir, muchos seguramente preferirán textos hipercortos (si pueden ser en 140 caracteres, mejor) frente a posts (o informaciones, reportajes…) detallados y profundos.

Es un círculo vicioso: gustan contenidos más sencillos de consumir, por tanto, los medios, blogs y demás plataformas los ofrecen y, por tanto, la oferta de grandes formatos empiezan a escasear… Empezamos a leer recomendaciones de grandes gurús que nos dicen que un post de más de 1.500 palabras es una auténtica locura y una pérdida de tiempo porque nadie lo leerá. Y así progresivamente…

¿Y cuál es la paradoja? Es clara: esa simplificación llega en el momento en el que es más necesaria que nunca la profundización en los temas, la interpretación de lo que nos rodea, el análisis pausado sobre un mundo y una sociedad que evoluciona a una altísima velocidad. Cuando todos nos conjuramos en torno al principio de lo breve como valor seguro en internet, lo que realmente necesitamos es estar preparados para encontrar el trigo entre tanta paja y tratar de entender algunos de los fenómenos que nos rodean. Y para conseguirlo he defendido y defiendo la idoneidad de plataformas como Tumblr. Pero esa recopilación de los contenidos y la prescripción de éstos no deberían acarrear la pérdida de profundidad.

Apostar decididamente por esa simplificación de contenidos es, desde mi punto de vista, infrautilizar una red que, precisamente, está preparada para adaptarse a grandes temas, a formatos ilimitados y profundos en todos los sentidos. En el caso de la blogosfera, estoy convencido de que la revolución de las bitácoras deben ir, precisamente, hacia esa apuesta por la calidad frente a la cantidad, hacia el debate sosegado frente a la actualización casi obsesiva.

Hace un par de días, el profesor de comunicación, José Luis Orihuela (@jlori en Twitter) publicó un post en el que mostraba la evolución de los contenidos en Internet desde el surgimiento de los weblogs. Una evolución que va en la dirección opuesta a las necesidades reales de un mundo complejo y veloz que hay que explicar en más de 140 caracteres.

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Y tú, ¿crees que se va en la dirección correcta?

Publicado en por Jesús Martínez González in blogs, Internet 1 Comentario

¿Para cuándo las buenas noticias?

Hecatombe, hundimiento, desplome, catástrofe… ¿Les suenan? Sí, todas estas palabras cargadas de dramatismo y unidas siempre a una tragedia se repiten demasiado a menudo en los medios de comunicación en los últimos tiempos. Es difícil mantenerse informado sin que pase un solo día en el que no sientas la angustia de lo que queda aún por venir, de los años perdidos que aún tenemos por delante. Parece que los periodistas, o mejor dicho las empresas del sector, nos hemos olvidado de que en el mundo, mientras el casino de Wall Street se viene abajo, S&P juega al ahorcado con los países europeos o las comunidades autónomas se ahogan en su propia deuda, también ocurren noticias positivas. ¿Por qué nos empeñamos en poner siempre el foco en esa parte funesta de la realidad?

No es un capricho, es una necesidad vital, una solución alternativa para salir de esta, casi una obligación social del periodismo en mayúsculas. En mitad de una crisis como ésta, las noticias negativas llegan solas y los lectores-oyentes-televidentes acabarán conociéndolas. Pero las mejores, esas que tienen detrás una historia humana con la que acabas reconciliándote con la vida, hay que promocionarlas aún más.

Por todo esto, me reconforta muchísimo que haya iniciativas para resaltar de una vez las luces de lo que nos rodea. Como Huffington Post, que ha decidido abrir el blog ‘Good news’ para contrarrestar esa tendencia y mostrar al mundo también historias inspiradoras con las que enseñarnos que hay vida más allá de la realidad oscura que nos pintan. Para presentar la iniciativa, que echó a andar la pasada semana, la fundadora de la plataforma, Ariana Huffington, alguien que no es santo de mi devoción, escribe unas palabras muy acertadas (la traducción y las negritas son mías):

En cualquier lugar del país, gente y comunidades están haciendo cosas increíbles, superando grandes obstáculos y haciendo frente a desafíos reales con perseverancia y creatividad. Pero esas historias raramente son contadas en Internet, en periódicos o en televisión (…). Durante mucho tiempo he dicho que nosotros en los medios hemos proporcionado demasiadas autopsias de lo que salió mal y no las suficientes biopsias.

No son los únicos. Además de iniciativas en otros países latinoamericanos, como es el caso de www.noticiaspositivas.org en Argentina, existen algunos blogs y páginas que siguen en esta ‘batalla’ para resaltar la otra parte de nuestra realidad. He aquí algunos ejemplos que destaca el blog 10.000 words:

Al margen del morbo innato de una gran parte del mundo desarrollado, no alcanzo a entender por qué los grandes medios siguen obviando todas estas historias conmovedoras que sirven para inspirar, para mejorar, para dar esperanza… Y no me vale el argumento de las visitas, las cifras de audiencia, o los lectores. Simplemente, porque muchos de ellos también reclaman este contrapunto. Y también por otra razón: por nuestro compromiso con la sociedad.

Fuentes:

Actualización: Gracias al apunte de Ana Fuentes (acá @anacefp) incluyo el enlace de una web participativa con buenas noticias. Se llama ‘Cuéntame algo bueno’. Ahí queda.

Publicado en por Jesús Martínez González in blogs, medios de comunicación, optimismo, periodismo 1 Comentario

La infoxicación: ¿cómo afrontar el aluvión?

Desde que la información pasó de ser un producto de élite al alcance de muy pocos a un producto masivo (commodity en inglés), el estallido ha sido espectacular. El día a día es un bombardeo imposible de evitar, mientras no aprendamos a crearnos nuestras propias trincheras. La infoxicación es uno de los fenómenos que más me preocupan en el nuevo ecosistema informativo tras el importante crecimiento de la red. No sólo como ávido consumidor diario desbordado ante el aluvión, sino también como periodista, pues este problema señala directamente un camino de cara al futuro a medio plazo: la especialización extrema de los grandes medios de comunicación.

Si sumas a diario toda la información que recibes directa o indirectamente te darías cuenta de la gravedad del fenómeno. Ese incremento exponencial ha venido motivado, principalmente, por el boom de internet y, en esta última etapa, de las redes sociales. Antes era necesario ir a buscar la información y hoy nos llega casi sin quererlo. Algunos datos hablan por sí solos:

  • Cada segundo se envían 2,9 millones de correos electrónicos en el mundo.
  • Cada minuto se suben 20 horas de vídeo a Youtube
  • Al día se publican 900.000 posts en blogs
  • A diario Twitter ‘escupe’ 50 millones de tweets.

Ello conlleva, para mí, algunos efectos nocivos como son:

  • Muy difícil comprensión de todos los datos. Ante un aluvión informativo se antoja más complicado el análisis y profundización sobre todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Es imposible consumir todo lo que nos llega y, por tanto, solemos quedarnos con la cáscara de la realidad.
  • La importante pérdida de tiempo. Cada vez se hace más complejo llegar hasta la información que necesitas porque en el camino te cruzas con muchos contenidos que, en el fondo, no necesitas o no te interesan. Es fundamental saber qué y cómo lo buscas para no perder horas en un maremágnum de información.
  • La falta de concentración para afrontar textos en profundidad y análisis extensos. ¿Qué ocurre? Que procesamos ingentes cantidades de información, pero no tenemos el tiempo suficiente para analizarlo como se merece.

Y ante esto, ¿qué medidas tomar? Yo pongo estas en práctica:

  • La elaboración de una dieta informativa realista, seleccionando mucho las fuentes de las que beber a diario. A mí me ayuda muchísimo Google Reader, el lector de feed por excelencia. Hay expertos que señalan a Twitter como el sustituto del RSS, pero sigo pensando, al igual que otros como el experimentado Blogpocket, que carece aún de funcionalidades para organizar de forma eficaz tus fuentes de información.
  • La utilización de servicios web para poder posponer la lectura más pausada de la información. Yo he optado, principalmente, por Read it Later, aunque también está Instapaper.
  • La opción de repositorios de enlaces para su conservación (y no perder grandes contenidos en la vorágine diaria). Para mí, el mejor (pese a las quejas por sus cambios recientes) es Delicious.
  • Saber seleccionar a sus fuentes de referencia en las redes sociales, especialmente en Twitter, para convertirlos en sus principales prescriptores informativos a diario. Por tanto, depurar tus seguidos y organizarlo minuciosamente a través de listas para separar el grano de la paja.
  • Optimizar la búsqueda diaria en buscadores como Google, para evitar distracciones y pérdidas de tiempo innecesarias.

Y tú, ¿qué medidas tomas para afrontar ese aluvión?

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Más información:

Publicado en por Jesús Martínez González in blogs, Internet, web 2.0 4 Comentarios