“Tanta prisa tenemos por hacer, escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: vivir”. (Robert Louis Stevenson)
El reloj, el maldito reloj que se nos ha colocado en estos tiempos sobre nuestras cabezas nos hace víctimas de las prisas, de la urgencia, de la impaciencia… No hay tiempo para atender a demasiados frentes, demasiadas tareas, demasiada información. Es la era del último minuto, de la inmediatez. Y en esta especie de carrera sin meta ni horizonte internet es el paradigma y los blogs, una de sus víctimas. Y me explico.
Hace unos días decidí buscar nuevas fuentes blogueras para renovar mi listado de feed en Google Reader (sí, aunque no lo crean, sigo teniendo un lector de RSS que uso diariamente en la era de Twitter y Timelines). Eliminé un buen puñado por los que había perdido interés o estaban en horas bajas y me dispuse a bucear en la red para encontrar bitácoras que me engancharan de nuevo. Y cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que un porcentaje muy alto de las que visité tras mucho tiempo estaban al ralentí o, directamente, abandonadas.
No fue algo sorprendente, pues la tasa de abandono de los blogs en España es bastante alta y sólo unos pocos elegidos son los que la mantienen realmente activa. En cifras, el último estudio de la blogosfera llevado a cabo por Bitacoras.com lo corrobora: sólo siete de cada cien bitácoras hispanas se actualiza con cierta frecuencia y sólo tres se pueden considerar activos.
Pese a no ser ninguna sorpresa, no deja de resultar triste que las prisas, la sobreabundancia de información o las redes sociales hayan motivado el cierre o el abandono de grandes bitácoras. Hay sectores como el económico o el tecnológico que mantienen aún el tipo en la blogosfera, pero siempre gracias a marcas ya consolidadas sin apenas incorporaciones nuevas que renueven el panorama patrio.
Es aquí donde yo también entono el mea culpa y reconozco que en estos últimos meses también he sido presa del reloj y el tiempo dedicado a este blog es mucho menor del que desearía. Lo mantengo activo (y así lo seguiré haciendo, al menos, mientras pueda) por una cuestión de principios: hoy valoro más que nunca la pausa frente a la prisa, la reflexión frente a la precipitación. Sigo disfrutando elaborando cada entrada y es por esa razón por la que sigue abierta la ventana, pese a todo.
Sin lugar a dudas los blogs se están convirtiendo en otra víctima más (de una larga lista) de esa insaciable espiral de la urgencia que todo lo engulle. Ojalá nos demos cuenta pronto de que correr a toda velocidad sin una meta fija y un objetivo carece de todo sentido. Espero que mientras tanto las bajas no sigan creciendo.
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Imagen: Sfer


























