Dice el maestro Iñaki Gabilondo que el periodista tiene la obligación de mantener una temperatura media en los acontecimientos para evitar los excesos. Es decir, enfriar lo que está caliente y calentar un poco lo que está excesivamente frío. Ese principio que se basa en la responsabilidad social del que ejerce este oficio está perdiéndose a marchas forzadas, y con él una parte de esa credibilidad que tanto necesitamos hoy. El último episodio que lo confirma es la actitud ante el recrudecimiento de la crisis financiera en España y el ‘castigo’ de los mercados a la banca y, por ende, a la bolsa española.
Retrocedamos dos semanas. La crisis de Bankia se desata y la desconfianza se apodera de los inversores. La prima de riesgo se dispara hasta rozar los 500 puntos y la banca se desangra en el Ibex. Las redes sociales arden con una retransmisión al minuto del desplome de los grandes valores. Es una situación muy delicada. Y ante esto, ¿qué es lo que hacen algunos de los grandes medios españoles y blogs especializados? Sacan a relucir un análisis tan infausto como arriesgado con el que se confunde la información transparente con cundir el pánico en la peor ocasión.
Y salen a escena de nuevo los peores augurios, los análisis más pesimistas y algunas de las palabras malditas: rescate financiero, corralito… Sí, corralito, ese gran desconocido para el común de los mortales en nuestro país, pero que a base de repetirlo hasta la saciedad se convirtió en una de las búsquedas del momento en Google. Muchos leían sobre lo que ocurrió en Argentina hace justo una década y, naturalmente, se planteaban si lo ideal en estos momentos de convulsión financiera era acudir a la entidad financiera para poner su dinero a buen recaudo. Unas dudas que fueron resueltas con informaciones tendenciosas en las que planteaban consejos sobre qué hacer con esos ahorros. Es decir, en la práctica parecía más que se acudía al fuego con un bidón repleto de gasolina.
Para quien bromea/especula con puñetero corralito,le recomiendo que lea esto y que reflexione sobre si quiere este caos mun.do/J0wOxO
— Jesús Martínez (@jesusmargon) mayo 17, 2012
Y aquí llegan mis dudas: ¿Realmente se midieron los efectos de sus informaciones en un momento así? ¿No tenemos los periodistas una responsabilidad social extra que se debe poner en práctica en situaciones como esa? ¿Es justificable dar una información tan catastrofista?
Pero, ¿dónde está la diferencia entre informar de forma exhaustiva y veraz a la audiencia y acabar cundiendo el pánico en la sociedad? Algún director de periódico ha reflexionado sobre ello y se ha preguntado lo mismo. Para mí, en un sistema basado, fundamentalmente, en la confianza extender lo contrario no creo que sea lo idóneo. Es cierto que los ciudadanos necesitan información con la que poder elegir, pero se deben medir las consecuencias y los tiempos. No se trata de ocultar datos, sino de ser muy cautos a la hora de exponerlos. Porque, parafraseando a Gabilondo, el guión responsable pasaba esta vez por enfriar lo que ya estaba ardiendo.


























