La dura batalla por recuperar la esperanza

Era marzo de 2008. Aún estábamos al comienzo de una casi eterna travesía en el desierto. Nada hacía presagiar lo que aún quedaba por llegar (y por sufrir). Fue en ese punto de la historia, de nuestra historia, donde surgió un carismático senador negro en EEUU que repetía una y otra vez una palabra: Hope. Sus discursos estaban repletos Read more

El 'poder' de los lectores en eldiario.es: ¿Un arma de doble filo?

Que los periodistas recuperen el control de los medios, y volver a mirar de nuevo a los ojos al lector. Es lo que se reclamaba a gritos en una de las mayores crisis de credibilidad que se recuerdan en los medios y que han hundido a los periodistas como los profesionales peor valorados de la sociedad en nuestro país. Read more

Las pequeñas alegrías con las que no dejar de luchar

Ese pensamiento con el que ríes sin parar. Ese café eterno para compartir una esperada conversación. Esa canción maravillosa que suena en el ordenador y que te empuja a bailar y cantar sin más. Ese paseo por calles aún por descubrir. Ese nuevo reto conseguido. Esa reconfortante sensación del trabajo bien hecho. Ese abrazo en el momento en el que más lo necesitas. Esa mirada de Read more

La marca del periodista: ¿Y si se pagara por firmas y no por medios?

La marca personal es uno de esos conceptos manidos hasta la saciedad, repetido en infinidad de congresos y jornadas endogámicas, utilizado por un buen número de esos gurús que siguen sentando cátedra sobre cómo hacer periodismo detrás de la mesa de un despacho. Es, quizás, uno de los máximos exponentes de ese humo que envuelve en demasiadas ocasiones a Read more

La autoayuda barata o cómo ser feliz en 24 horas desde el sillón de casa

Cómo ser feliz en 24 horas con cinco simples pasos; consejos para encontrar la luz al final del túnel desde el sillón de casa y casi sin esfuerzo; el elixir de la felicidad eterna... Desconozco si existen artículos o, incluso, libros bajo estos sugerentes (y tramposos) títulos pero, sinceramente, no sería de extrañar. Por una sencilla razón: la línea Read more

economía

#ReiniciandoEspaña: optimismo crítico para salir de la crisis

Dura crítica de la realidad, alternativas viables para resolver los problemas y optimismo ante el futuro. Es la fórmula ideal para salir de esta crisis económica y social en la que estamos inmersos y que ayer puso en práctica Jordi Évole y su equipo de Salvados en #ReiniciandoEspaña, su despedida de la temporada. Para lograr la recuperación no sólo es necesario que los medios de comunicación pongan el acento sobre lo que se hace mal, sino también sobre las propuestas para cambiarlo.

Un problema, una solución. Es la responsabilidad social de los medios, que han de liderar también la salida de esta crisis transmitiendo que todo es posible con alternativas viables. En el caso del ‘Salvados’ de ayer, plantearon tres grandes bloques: la empresa, la política y el sistema financiero. Para cada uno de ellos dedicaron un análisis en profundidad sobre los excesos, los errores y los problemas que se han ido generalizando en los últimos años con soluciones, alternativas y propuestas que demuestran que es posible un reseteo del modelo construido en los últimos años:

  • La empresa: El exvicepresidente de la Bolsa de París, Francisco Álvarez, fue el encargado de poner el acento en la pérdida del valor humano en un sistema en el que el único objetivo es maximizar beneficios sin más. Planteó un sistema (de dudosa efectividad, por cierto) en el que poner en el centro de todo el bien común. Pero para mostrar que hay otra forma de hacerlo, se presentó el caso de una empresa de lácteos catalana (La Fageda) en la que trabajan, fundamentalmente, discapacitados y cuyos beneficios, en gran medida, son destinados a acciones sociales. Su responsable, Cristóbal Colón, pronuncia algunas frases lapidarias sobre la obsesión por el dinero y la cultura impuesta durante décadas para obtenerlo.
  • La política: Se ha convertido en el tercer problema para los españoles y son muchas las críticas que se pueden hacer. Évole las canalizó a través de uno de los fundadores del PP, Manuel Milián, que sin tapujos habló de mediocridad, de intereses particulares, de codazos y de ausencia de moral. Como alternativa, se trató el caso de Torrelodones, donde gobierna un partido independiente que han puesto sobre la mesa medidas éticas, de eficiencia en la gestión y de transparencia como bajadas de sueldos, eliminación de cargos de confianza o reduciendo la deuda con proveedores.
  • El sistema financiero: Es, quizás, el reflejo más claro de esa crisis moral en España. Salió a escena el redactor de Economía de El País, Íñigo Barrón, para tratar el caso más sangrante: la nacionalización de Bankia y los problemas de las cajas de ahorro. Pero como contrapunto se analizó el caso de Triodos Bank, uno de los exponentes de la llamada banca ética. Transparencia en su gestión, ética en sus operaciones y un prisma social y sostenible en sus inversiones y actividades.


Algunas de esas propuestas pueden ser poco realistas o difíciles de poner en práctica. E, incluso, algunos de los casos tendrán también sus sombras. No lo dudo. Pero, es muy fácil criticar a toro pasado todo lo que está sucediendo, sin plantear ni una sola alternativa, por idealista que sea. Los grandes medios de comunicación se han olvidado de las propuestas y sólo ponen el foco en la crítica y, en muchos casos, en un catastrofismo contraproducente y peligroso. Lo sencillo es destruir y lo complicado es construir. El periodismo está, sin duda alguna, para lo segundo, aunque exista la falsa creencia de que con ello habrá menos visitas en la web, menos televidentes o menos ventas en los kioskos.

No hablo de un optimismo infantil, con el que creer que todo irá bien sin más. En absoluto. Se trata de ser conscientes de dónde estamos, de lo que hemos hecho mal para tratar de salir entre todos con alternativas y con mucho trabajo. Y en esas alternativas debemos concentrarnos también los periodistas, pues es una manera de devolver la esperanza, de mostrar los motivos para seguir luchando sin tirar la toalla. La fórmula está clara: crítica + propuestas + optimismo. Con esos ingredientes y el esfuerzo colectivo se conseguirá el imprescindible reseteo del sistema.

Publicado en por Jesús Martínez González in economía, medios de comunicación, optimismo, periodismo Deja un comentario

Los medios y la crisis financiera: ¿calentar en vez de enfriar?

Dice el maestro Iñaki Gabilondo que el periodista tiene la obligación de mantener una temperatura media en los acontecimientos para evitar los excesos. Es decir, enfriar lo que está caliente y calentar un poco lo que está excesivamente frío. Ese principio que se basa en la responsabilidad social del que ejerce este oficio está perdiéndose a marchas forzadas, y con él una parte de esa credibilidad que tanto necesitamos hoy. El último episodio que lo confirma es la actitud ante el recrudecimiento de la crisis financiera en España y el ‘castigo’ de los mercados a la banca y, por ende, a la bolsa española.

Retrocedamos dos semanas. La crisis de Bankia se desata y la desconfianza se apodera de los inversores. La prima de riesgo se dispara hasta rozar los 500 puntos y la banca se desangra en el Ibex. Las redes sociales arden con una retransmisión al minuto del desplome de los grandes valores. Es una situación muy delicada. Y ante esto, ¿qué es lo que hacen algunos de los grandes medios españoles y blogs especializados? Sacan a relucir un análisis tan infausto como arriesgado con el que se confunde la información transparente con cundir el pánico en la peor ocasión.

 

Y salen a escena de nuevo los peores augurios, los análisis más pesimistas y algunas de las palabras malditas: rescate financiero, corralito… Sí, corralito, ese gran desconocido para el común de los mortales en nuestro país, pero que a base de repetirlo hasta la saciedad se convirtió en una de las búsquedas del momento en Google. Muchos leían sobre lo que ocurrió en Argentina hace justo una década y, naturalmente, se planteaban si lo ideal en estos momentos de convulsión financiera era acudir a la entidad financiera para poner su dinero a buen recaudo. Unas dudas que fueron resueltas con informaciones tendenciosas en las que planteaban consejos sobre qué hacer con esos ahorros. Es decir, en la práctica parecía más que se acudía al fuego con un bidón repleto de gasolina.

Para quien bromea/especula con puñetero corralito,le recomiendo que lea esto y que reflexione sobre si quiere este caos mun.do/J0wOxO

— Jesús Martínez (@jesusmargon) mayo 17, 2012

Y aquí llegan mis dudas: ¿Realmente se midieron los efectos de sus informaciones en un momento así? ¿No tenemos los periodistas una responsabilidad social extra que se debe poner en práctica en situaciones como esa? ¿Es justificable dar una información tan catastrofista?

Pero, ¿dónde está la diferencia entre informar de forma exhaustiva y veraz a la audiencia y acabar cundiendo el pánico en la sociedad? Algún director de periódico ha reflexionado sobre ello y se ha preguntado lo mismo. Para mí, en un sistema basado, fundamentalmente, en la confianza extender lo contrario no creo que sea lo idóneo. Es cierto que los ciudadanos necesitan información con la que poder elegir, pero se deben medir las consecuencias y los tiempos. No se trata de ocultar datos, sino de ser muy cautos a la hora de exponerlos. Porque, parafraseando a Gabilondo, el guión responsable pasaba esta vez por enfriar lo que ya estaba ardiendo.

Publicado en por Jesús Martínez González in actualidad, crisis, economía, medios de comunicación Deja un comentario

¿Por qué #unabuenanoticia? Para tener esperanza

“La vida tiene su lado sombrío y su lado brillante; de nosotros depende elegir el que más nos plazca”. Samuel Smiles

Ser optimista es hoy elegir una ‘profesión’ de riesgo. Si, además, te atreves a combinarlo con una visión crítica de lo que ocurre en el día a día es casi una prueba irrefutable de una preocupante demencia. ¿Cómo osas ver el lado brillante de la vida aun con la tormenta arreciando más fuerte que nunca? ¿Acaso eres uno de esos ciudadanos anestesiados, que prefieren cerrar los ojos ante la realidad? Si eres tan optimista, ¿por qué pones también el foco en el lado sombrío de la actualidad? Preguntas en un mundo de blancos y de negros, de extremos cada vez más separados. Preguntas que un servidor trató de responder en un post que recogía lo que para mí es ser optimista en tiempos convulsos como éstos.

Pero les invito a que se centren en el día de ayer. Las noticias eran demoledoras. La subida del IVA, los nuevos recortes del Gobierno central, las malas previsiones económicas o la bajada en la calificación de nuestra deuda. No existía ni un solo resquicio para respirar hondo, para encontrar un halo de esperanza. El bombardeo en redes como Twitter era continuo y estar delante del ordenador se convertía casi en un duro castigo.  Mientras trataba de encontrar una noticia positiva con la que compensar este aluvión, la periodista Ana Pastor decidió pasar a la acción suplicando a sus más de 268.000 seguidores que le dieran una sola buena noticia para sacar la sonrisa a una nefasta tarde. El aluvión fue tal que bajo el hashtag #unabuenanoticia cientos de personas se lanzaron a dar su particular buena nueva. ¿Resultado? Se convirtió en el primer tema del momento en España, por encima del #IVA, y el tercero en todo el mundo.

Empezó siendo un cúmulo de confesiones personales, para pasar a convertirse en un conjunto de deseos y aspiraciones de cara al futuro. Había reflexiones maravillosas de gente anónima que sólo buscaba un hueco para la sonrisa, para la esperanza. Para mí, se trataba de una prueba más de que los españoles están también ávidos de buenas noticias que también les animen a seguir batallando. Algunas voces recriminaron esa posición en un día tan complicado y cargado de funestos anuncios económicos:

No ha cambiado ni un ápice mi opinión sobre la imperiosa necesidad de abrir el foco de la actualidad también para dar cabida a las historias inspiradoras, que devuelvan la esperanza de un futuro mejor, que le den sentido a la batalla en un presente muy duro. Pero, ante esas reacciones caben algunas preguntas: ¿Es incompatible ser crítico con la realidad y, a la vez, estar convencido de que es muy necesario aderezar el menú informativo con historias positivas, de superación? ¿Supone convertirse en un ciudadano anestesiado que busca evadirse de los numerosos problemas que nos acucian? ¿Silenciar las buenas noticias sirve para que estemos mejor? Decididamente, no.

Ayer se volvió a demostrar que a diario también ocurren cosas maravillosas en este país. No se trata de correr un tupido velo para esconder la dura realidad, sino de permitir que haya esperanza para afrontarla.

Publicado en por Jesús Martínez González in economía, optimismo, Personal-Varios, Social Media 3 Comentarios

Mamá, quiero ser como Mark Zuckerberg

Dos jóvenes apasionados que en un garaje humilde o en una habitación de una residencia universitaria con escasos recursos y muchas ideas geniales crean una de las grandes empresas tecnológicas de todos los tiempos. Google, Amazon, Microsoft, Apple o Facebook… Han cambiado el curso de la historia, han copado los primeros puestos en los principales mercados mundiales  y han hecho a sus fundadores multimillonarios. Y, sobre todo, han instaurado un concepto peligroso, por ser en un fraude en sí mismo: con poco dinero y el esfuerzo justo se puede triunfar y hacer historia.

Ahora que la crisis económica arrecia aún más, el emprendimiento en Internet puede ser una salida alternativa e interesante para los miles de jóvenes que han perdido su sitio en el mercado laboral. Con una reforma laboral que deja a los asalariados más desprotegidos que nunca, son muchos los que muestran ese camino, a veces con una frivolidad digna de estudio y que puede hacer perder claramente la perspectiva.

El bombardeo con mensajes basados en un ‘pelotazo’ digital (como ocurriera con la construcción y el sector inmobiliario en España) es continuo y, como decía, muy peligroso. Los medios de comunicación, los blogs, los periodistas ponemos el foco, en la inmensa mayoría de las ocasiones, únicamente en lo positivo, en el triunfo rápido trasladando una imagen errónea del emprendimiento en Internet.

Zuckerberg montó Facebook en su habitación en la Universidad de Harvard para poner en contacto a universtarios. SergeY Brin y Larry Page crearon Google en la habitación de este último de la Universidad de Standford. Un joven e idealista Steve Jobs construyó su primer ordenador Apple en el garaje de la familia del ya fallecido fundador. “¿Por qué no repetirlo?”, se preguntarán miles de jóvenes que sueñan con ser el siguiente que se una a la lista. “Mamá, quiero ser como Mark Zuckerberg”, dirán otros.

Pero es aquí donde falla el sistema, pues no se cuenta toda la verdad. Todos estos jóvenes que hicieron historia eran (y son) genios únicos, que conquistaron la cima después de mucho trabajo, de mucha ayuda, de ingentes cantidades de ideas maravillosas, de una buena dosis de oportunismo y suerte… Y, sobre todo, de innumerables fracasos.

El paradigma de esa cultura del fracaso es Google. Muchos podrán pensar que en el gigante del buscador aciertan en todo lo que se proponen, pues sólo hay que ver la cuenta de resultados y su evolución. Nada más lejos de la realidad. Han sido muchos los errores cometidos, muchos los proyectos que se quedaron en nada o que, simplemente, no funcionaron.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que esos gigantes que nacieron en un garaje o en una humilde habitación universitaria deben ser referentes, pero con el foco en todo: en el éxito fulgurante, pero también en el fracaso más estrepitoso; en el crecimiento rápido y, además, en la capacidad de superación incansable; en la meta, pero aún más en la carrera para llegar a ella… Las luces y las sombras, para evitar falsas expectativas.

Publicado en por Jesús Martínez González in economía, Internet 2 Comentarios

Cine e internet: las reglas del juego han cambiado

Fuente: 20 minutos.

Hace unos días en la gala de los Goya, el director de la Academia del Cine español, Enrique González Macho, trató de volver a un mundo imposible, en el que el séptimo arte dé la espalda a Internet por no ser hoy una alternativa económica viable para las empresas. Lo hizo tan sólo un año después de que su antecesor, Álex De la Iglesia, abriera la puerta a la red como un aliado y no como un enemigo e interpretara la realidad tal cual es: “Nada de lo que valía antes, vale ya. Las reglas del juego han cambiado”. En ese momento, ya me temía que ninguno de esos asistentes glamurosos que lo escucharon horrorizados iba a cambiar su visión de un negocio que se asoma al precipicio sin tomar medidas. Lástima que así haya sido.

Pese a ello, este paso atrás en la visión del máximo órgano que representa a la industria del cine español se merece una contestación con números. Y poner los puntos sobre las íes en la realidad actual con cifras del propio Ministerio de Cultura:

  • En el primer semestre de 2011 las películas españolas recaudaron 9,1 millones de euros, tres veces menos que un año antes.
  • Los cines en España redujeron en un año un 7,6% la cifra de espectadores hasta los 101 millones, la más baja con amplia diferencia en la última década.
  • En siete años, el precio de las salas de cine ha subido un 36% en los últimos siete años, hasta unos casi prohibitivos 6,52 euros de media.

Fuente: Ministerio de Cultura

Leyendo estas cifras uno podrá pensar que se pueden achacar a la crisis económica y los bolsillos vacíos de los españoles. Pero, también cabe, analizando la evolución claramente a la baja en la última década, la autocrítica. No sólo por la discutible calidad de una parte importante de ese cine, sino también por unos precios que tratan de sostener una industria obsoleta en un juego en el que han cambiado todas las reglas.

Con ese escenario, ¿qué hace el grueso de los profesionales del sector? ¿Se adaptan a la nueva realidad? ¿Buscan alternativas reales? ¿Acuden a donde está su potencial público, hablando su mismo idioma y distribuyendo el contenido de la forma en que ellos lo hacen? En absoluto. He aquí tan sólo algunas de las medidas que toma la inmensa mayoría de esa industria:

Mientras tanto, el consumo de cultura y contenidos se traslada claramente a internet. No es el futuro, ni mucho menos. Es un presente más que consolidado. Decía ayer en un artículo Álex de la Iglesia, que suscribo palabra por palabra:

El cine, por encima de sus derechos, tiene que pensar en sus obligaciones, y la primera es trabajar para el público, y buscarlo donde se encuentre. El público vive y piensa, trabaja y se comunica a través de Internet: comparte ideas, creaciones, música, películas. Vive en Internet. ¿No es lógico, sensato y tremendamente urgente proponer modelos de negocio que se adapten a las necesidades del público?

Más claro es imposible. No se trata de que el mercado se amolde a ti, a tus intereses y a un status quo en el que el riesgo es mínimo. El quid está en adaptar tu negocio a los nuevos hábitos de consumo y esos llevan a internet. Los patrones se basan en dos principios: poder consumir cuando y donde quiera y la desaparición de los intermediarios por ser prescindibles en este nuevo ecosistema. Por ello, en estos dos últimos años ha llegado con fuerza el cine bajo demanda como una primera alternativa. Algunos ejemplos:

  • Netflix: Aún no ha aterrizado en España, pero es el líder mundial. Mientras el resto del mercado sigue cayendo, ellos crecen. En 2011 superaron las expectativas de ventas y alcanzaron los 876 millones de dólares. Llevan años en el mercado, aunque en la última etapa ha abandonado casi por completo la venta de DVD físicos para centrarse en internet.
  • Filmin:servicio creado en España muy centrado en el cine independiente.
  • Youzee: impulsado por Yelmo Cines y en fase beta. Aún así ya tiene 37.000 usuarios. Se basa en una suscripción mensual.
  • Wuaky TV: lanzada hace un año por un grupo de ejecutivos del cine y el capital riesgo ha logrado en este tiempo 100.000 usuarios.
  • Voddler: una plataforma similar que acaba de aterrizar en España, pero con un catálogo más que mejorable.
  • Otros servicios en ciernes como el que prepara la distribuidora Cinesa.

Se trata de los primeros pasos de una revolución. Con ello, ¿está todo hecho? En absoluto. Queda mucho por hacer, especialmente en un país como España en el que no hay una extendida cultura del pago por los contenidos en internet como en Estados Unidos. Hace falta evangelización, alternativas y mucho trabajo. No va a ser fácil acertar y habrá seguro muchos fracasos. Pero la industria está obligada a hacerlo si quiere sobrevivir. No en vano, ha quedado patente en estos últimos tiempos que no hay marcha atrás, por mucho que se empeñe la Academia del Cine. Las reglas del juego han cambiado y el tiempo corre demasiado deprisa. Cuanto más se tarde en reaccionar más difícil será la adaptación.

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