optimismo

Ser pesimista es ‘cool’ y otros mitos del montón

3882713540_63aab68895_z

Ser optimista es de ilusos y empuñar el pesimismo como arma es de inteligentes, de mentes privilegiadas que ven la realidad tal y como es, que no venden humo… Bla, bla, bla. Seguro que lo habéis oído/leído alguna vez y más en esta etapa convulsa que vivimos, en los que tratar de poner la vista en el lado brillante de las cosas no está especialmente bien visto. Pues ese principio es, para mí, una patraña de grandes dimensiones que por repetirla una y mil veces no se va a convertir en verdad absoluta.

En los últimos tiempos, percibo cierta querencia por criticar absolutamente todo, por quejarse de manera sistemática, por hacer creer que vivimos en el peor de los mundos posibles y que no hay solución. Ese ‘fenómeno’ se ha exacerbado en las redes sociales, donde es mucho mejor subirse a esa ola ‘enfurecida’, con la que resulta más sencillo destruir que construir. Gente que luce con orgullo su espíritu negativo alegando que es eso lo que toca. Esgrimen argumentos como que esa opción es la más inteligente, frente a la elegida por los demás que son unos ilusos que se niegan a ver la realidad.

Está comprobado, queda muy ‘cool’ ser políticamente incorrecto, destacar sólo lo negativo, hacer críticas con el único ánimo de destruir. Es un signo de distinción, de inteligencia. Pero, ¿sabéis qué? Que el pesimismo se pega. Está estudiado: las emociones negativas suelen ser más duraderas que las positivas. Conclusión: hoy el tipo que os repite todos los días que vivimos en el peor de los mundos es mucho más efectivo que los que tratamos de hacer ver lo contrario. Esa mayor influencia es demoledora, porque acaban prevaleciendo las sombras y no las luces. Una revisión a simple vista de tu ‘timeline’ de Twitter o una reunión de amigos puede hundirte un poco más y restarte un poco más de esperanza. ¿A alguien le gusta vivir así?

Pues, me niego a aceptarlo y vosotros deberíais hacer lo mismo. Ser optimista es ser consciente de las dificultades hoy pero poner todo de tu parte para construir un futuro mejor, creyendo que es posible. Como decía Churchill: “No parece muy útil ser otra cosa”.


En Historias de un optimista | ¿Qué es, para mí, ser optimista?

Imagen | Auntie P

Publicado en por Jesús Martínez González in optimismo Deja un comentario

La dura batalla por recuperar la esperanza

6709618793_c3d874478d_z

Era marzo de 2008. Aún estábamos al comienzo de una casi eterna travesía en el desierto. Nada hacía presagiar lo que aún quedaba por llegar (y por sufrir). Fue en ese punto de la historia, de nuestra historia, donde surgió un carismático senador negro en EEUU que repetía una y otra vez una palabra: Hope. Sus discursos estaban repletos de esperanza, de motivación. Era una inyección de entusiasmo en uno de los momentos de mayor descreimiento. Reconozco que me entusiasmó su forma de decir a su país, al mundo que todo es posible, que sí se puede.

Ahora, cinco años después, ese líder afronta su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos con más decepciones que victorias y la sociedad sigue en busca de esas razones para creer. Si hay algo que reprocho y mucho a los dirigentes, de dentro y de fuera, es que con sus acciones (y sus omisiones) han robado la esperanza de un futuro mejor a mucha gente. Los recortes de derechos ya conquistados tras años de lucha, su incapacidad demostrada para borrar la palabra paro del día a día de muchos jóvenes (y no tan jóvenes), su resignación ante los desafíos que tenemos por delante…

No es una cuestión de optimismo o pesimismo, más o menos, temporal. Es mucho más que eso. No creo que haya nadie que pueda levantarse día tras día sin creer que el futuro, en algún momento, le sonreirá. Que, más pronto que tarde, todo el sufrimiento de hoy se tornará en prosperidad mañana. Haber perdido esa esperanza hace que muchas de las cosas carezcan de sentido. Y es eso, precisamente, lo que debería avergonzar a quien tiene gran parte de la responsabilidad para cambiarlo.

El ‘No nos vamos, nos echan’ entonado por miles de jóvenes que deben emigrar para reencontrarse con esa esperanza tendría que retumbar una y otra vez en los oídos de todos ellos. También el triste silencio de aquellos maduros que buscan, a la desesperada, un hueco en un mercado laboral casi inaccesible. A veces me pregunto cómo se puede vivir o, mejor dicho, dormir contemplando, día a día, desde un despacho con mesas de lujo esta realidad sin sentir el menor atisbo de vergüenza.

Este no es un post negativo, sino indignado. Muy indignado. Es un post lleno de rabia de alguien que roza la treintena y, pese a todo y todos, trata de luchar por conquistar ese futuro mejor. Es por eso que, como hacía semanas atrás, llamo a luchar para recuperar esa esperanza. A no dejarse vencer por un futuro que aún no está escrito. Ser un optimista no significa resignarse sentándose a ver pasar el tiempo. Significa criticar y tratar de cambiar todo lo que hoy no funciona, para limpiar el horizonte de nubarrones. Significa batallar para no dar la razón a quienes ya dictaron sentencia sobre el mañana.


 

En Historias de un optimista | Que no nos roben la esperanza

Imagen | OhKyLeL

 

Publicado en por Jesús Martínez González in optimismo, Personal-Varios Deja un comentario

Las pequeñas alegrías con las que no dejar de luchar

62646_10200713799120436_1210958721_n

Ese pensamiento con el que ríes sin parar.

Ese café eterno para compartir una esperada conversación.

Esa canción maravillosa que suena en el ordenador y que te empuja a bailar y cantar sin más.

Ese paseo por calles aún por descubrir.

Ese nuevo reto conseguido.

Esa reconfortante sensación del trabajo bien hecho.

Ese abrazo en el momento en el que más lo necesitas.

Esa mirada de quien te apoya advirtiéndote que no estás solo.

Esa tarde de domingo de cine y palomitas.

Esa copa con tu mejor amigo hablando de lo divino y de lo humano mientras suena un buen tema de rock.

Esos reencuentros mágicos con amigos que, aunque pasen mil años, seguirán siéndolo.

Ese ratito en tu ‘lugar de pensar’, respirando hondo y sintiéndote vivo.

Esa llamada de tu madre diciéndote que te quiere y que, simplemente, confía en ti.

Esa victoria en el partido de fútbol de los viernes.

Ese mensaje motivador en tu móvil.

Esa sonrisa de alguien a quien aprecias.

Eso no es humo, no es artificial, no es material. Eso no es más que lo que nos hace estar vivos. Lo que nos hace darnos cuenta de que la felicidad no es un destino, sino el camino donde disfrutamos y conquistamos las pequeñas alegrías. Lo que nos da fuerzas para seguir luchando en esta vida que, además de maravillosa, también es muy perra a veces. Porque en la lucha infatigable, en la defensa de lo que es nuestro, en el inconformismo para no dejar de mejorar, en la búsqueda de nuevas aventuras también está esa felicidad que ni es material, ni se consigue en tres cómodos pasos desde un sofá.

Estar convencidos de que estamos de prestado es la mejor forma de afrontar ese camino. Como decía alguien, la muerte es el mejor invento de la vida, porque hace prescindible mucho de lo que hoy creemos y defendemos como imprescindible.

Ser positivo, mirar el lado brillante de las cosas no es un capricho, ni una pose, ni el ‘postureo optimista’ de un ‘vendehumos’. Tratar de disfrutar de esos momentos no sirve más que para llenar los depósitos de energía con la que afrontar los duros retos que se nos presentan a diario. Porque vendrán, seguro. El paro, el fracaso en un proyecto, la pérdida de un ser querido, las decisiones difíciles, la maldita crisis económica (y moral)… No hay duda: pensar que esta historia que nos ha tocado vivir es de color de rosa es, simplemente, una idiotez.

En nuestra mano está vivirla intensamente, utilizando esas pequeñas gotas de felicidad para no dejar de luchar. No hacerlo es una irresponsabilidad que, a la postre, se acaba pagando cara.

Publicado en por Jesús Martínez González in optimismo Deja un comentario

La autoayuda barata o cómo ser feliz en 24 horas desde el sillón de casa

Defensa de la alegría de Benedetti.

Defensa de la alegría de Benedetti.

Cómo ser feliz en 24 horas con cinco simples pasos; consejos para encontrar la luz al final del túnel desde el sillón de casa y casi sin esfuerzo; el elixir de la felicidad eterna… Desconozco si existen artículos o, incluso, libros bajo estos sugerentes (y tramposos) títulos pero, sinceramente, no sería de extrañar. Por una sencilla razón: la línea que separa la venta de humo y la autoayuda barata de la psicología positiva es demasiado delgada.

En todas las áreas, también en la psicología y en la vida en general, hay un riesgo más que evidente a vender humo, a confundir a la gente con efectos inmediatos, a esgrimir argumentos artificiales, ‘facilones’ y prefabricados. Ocurre en las redes sociales, donde con unas pizquitas de Facebook y unas gotitas de Twitter harán que tu empresa venda muchísimo más en menos de un mes. También en el maravilloso mundo de los emprendedores, donde se nos dicen desde muchos lugares que con una conexión a internet y muchas ideas uno puede dar el ‘pelotazo digital’. O en otros ámbitos como en la enseñanza: “aprende inglés en 1.000 palabras” o “Aprende a ser un líder en dos semanas”…

Leer más

Publicado en por Jesús Martínez González in optimismo Deja un comentario

La generación per… ¿qué?

photo

57,2%. ¿Les dice algo? No sería más que una fría cifra más si no representara una realidad dura como pocas. En la sombra que refleja ese porcentaje se apilan miles de historias de jóvenes que siguen preocupados por encontrar la senda, por dar sentido a todo esto. El día de ayer, en el que las iniciales EPA martilleaban una y otra vez, fue útil, a la postre. Sí, al menos motivó que nuestro país se mirara a la espejo y se diera cuenta de que aún queda mucho por cambiar. Y no sólo en nuestra vilipendiada (con razón) e inoperante clase política.

Entre tuits derrotistas, análisis alarmistas y discursos victimistas, encontré un artículo presidido por esa palabra que tanto me gusta y que tan mal vista está hoy en día: optimismo. Fue el compañero Agus Alonso quien lanzó una arenga y pronunció esa etiqueta injusta y ruin: generación perdida. Para quien no haya captado la sutil expresión, dícese de ese grupo de jóvenes que están obligados a resignarse, a darse por derrotados sin más y a ver pasar el tiempo sentados en su sillón mientras confían en que una fuerza divina los saque del abismo. Traducido a un gesto, es esa palmadita en la espalda acompañada de un ‘Lo siento, así es la vida’.

Y pensando en ello, en que un servidor está en esa maldita edad y en esa búsqueda del camino, reconozco que me indigné (sí, los optimistas nos indignamos, no les quepa duda…). No ya porque ese discurso sea asumido, incluso, por nuestros gobernantes, incapaces de señalar el camino hacia donde se debe dirigir este maravilloso (y castigado) país. Me indigné al constatar que muchos de esos jóvenes incluidos bajo ese vergonzoso cliché han ‘comprado’ el argumento sin rechistar. Están interiorizando poco a poco y con el paso del tiempo que ese es su sino, que no hay horizonte al que mirar, que hay que ondear ya la bandera blanca sin haber luchado hasta el final.

No les voy a engañar, es la opción cómoda, pues se trata sólo de compadecerse de sí mismo, echándole la culpa siempre a los demás y aceptando que no hay otra. También es la más triste, porque significa asumir con resignación una derrota sin más y darle la razón a esos agoreros. Sea como fuere, es la que han elegido muchos de los que no se sienten retados por esa simplista etiqueta, de los que, incomprensiblemente, no se sienten insultados.

Pero, ojo, no es la única alternativa, se lo aseguro. Aún está ahí la posibilidad de pelear por cambiar ese destino que todos nos dibujan, de nadar contracorriente para tratar de llegar a la orilla, de levantarse para buscar respuestas a tantas preguntas. Para probar fórmulas nuevas, para equivocarse cada vez mejor, para andar caminos aunque no sean los correctos, para luchar por lo que es nuestro y tratan de robárnoslo.

Y en este punto de la historia, en el que hay más preguntas que respuestas, en el que hay más dudas que certezas… ¿saben qué? Que elijo luchar. Elijo no rendirme, aunque me caiga mil y una veces. Elijo conquistar ese negro futuro que nos señalan y pintarlo de colores. Elijo vivir sin darme por aludido cuando hablen de generación perdida. No lo duden, elijan esa opción. Como diría la canción: “Prefiero ser una coma que un punto final”.


Imagen | Kara Allyson

Otros artículos | Que no nos roben la esperanza

Publicado en por Jesús Martínez González in optimismo, Personal-Varios Deja un comentario