Que los periodistas recuperen el control de los medios, y volver a mirar de nuevo a los ojos al lector. Es lo que se reclamaba a gritos en una de las mayores crisis de credibilidad que se recuerdan en los medios y que han hundido a los periodistas como los profesionales peor valorados de la sociedad en nuestro país. Ante ese reto, llegó eldiario.es, uno de los ‘laboratorios’ de esa nueva forma de hacer periodismo. El medio digital ha planteado la figura de los socios como figuras fundamentales para sostener el negocio. A cambio, les ha devuelto un ‘poder’ que puede convertirse en un arma de doble filo.
Como decía, eldiario.es es uno de esos nuevos medios surgidos en esta crisis económica que trata de cumplir con este oficio de una manera distinta. En su sistema, los lectores recuperan el protagonismo que nunca debieron perder. El principio es claro: sostienen una parte significativa del negocio con sus aportaciones mensuales y, a cambio, tienen mucha más voz en el devenir de la cabecera. Los accionistas sobre el papel son otros, pero ellos ejercen como tal en la práctica del día a día. Este sutil, pero decisivo, cambio en la organización del medio es un boomerang que entraña ciertos peligros. Su director, Ignacio Escolar, ya lo ha vivido en primera persona y veremos por qué.
La marca personal es uno de esos conceptos manidos hasta la saciedad, repetido en infinidad de congresos y jornadas endogámicas, utilizado por un buen número de esos gurús que siguen sentando cátedra sobre cómo hacer periodismo detrás de la mesa de un despacho. Es, quizás, uno de los máximos exponentes de ese humo que envuelve en demasiadas ocasiones a los debates sobre este oficio. Pero, retirando toda esa cáscara queda una realidad que, a estas alturas, resulta incontestable: las firmas individuales empiezan a ganar más fuerza y credibilidad que las marcas del medio donde se insertan.
Para tratar de ilustrar este concepto lejos del humo y la palabrería de la que hablaba al principio, podemos hacer referencia a dos casos con distinto resultado pero con mismo origen: Jordi Pérez Colomé e Ignacio Escolar.
Dos casos prácticos
El primero protagoniza, para mí, una trayectoria admirable lejos de los grandes focos y con un trabajo de gran calidad. Jordi decidió abandonar la empresa en la que trabajaba (despidieron a la mitad de la plantilla y la calidad iba a resentirse notablemente), dedicándose como freelance a potenciar su ‘Obamaworld’. Era el título del blog sobre política norteamericana que tenía en marcha y fue allí donde creó contenidos de calidad que, poco a poco, fueron convirtiéndolo en una de esas marcas relevantes de periodismo internacional en España. A partir de ahí, llega todo lo demás: viajes a distintos países financiados a través de crowdfunding, colaboraciones con otros medios gracias a la visibilidad que había logrado…
El otro caso es el del actual director de eldiario.es, Ignacio Escolar. Hace unas semanas, le escuchaba en unas jornadas sobre periodismo y Twitter en La Térmica de Málaga. Confesó que tres años atrás, cuando fue despedido de Público, decidió concentrar todos sus esfuerzos en potenciar su marca personal. Por aquel entonces, él era un periodista colaborador de varios medios, mantenía una columna en el diario de Roures y tenía en la cabeza el proyecto de diario digital que hoy tiene en marcha. Desde su destitución se dejó ver por multitud de medios: Estrella Digital, EiTB, TVE, Telecinco, Antena 3, Cuatro o, incluso, The Guardian. Su objetivo, tal y como comentaba en aquellas jornadas, no era otro que incrementar el potencial de su marca como periodista para aprovecharlo en el lanzamiento de eldiario.es. Hoy, éste es uno de los ‘experimentos’ periodísticos más exitosos y, junto a una buena tecnología, un buen equipo y unos contenidos con un nivel interesante, él es uno de los grandes artífices.
‘Menú’ informativo variado, caos empresarial
Son dos ejemplos diferentes, pero que reflejan esa creciente importancia de los periodistas a nivel individual por encima, incluso, de las grandes marcas tradicionales de periódicos o televisiones. Ese fenómeno coincide con dos situaciones que contribuyen a hacerlo crecer aún más:
Pérdida acuciante de credibilidad de muchos de esos grandes medios, en mitad de un descreimiento generalizado (y justificado, en muchos casos) de la audiencia.
La explosión de los medios en Internet ha multiplicado las opciones informativas y, por tanto, ha creado unos hábitos de consumo basados en el ‘picoteo’ por parte de la audiencia. El menú de contenidos se los fabrica el mismo consumidor: las columnas de Manuel Jabois en El Mundo, las crónicas deportivas de uno de los redactores de Panenka, los artículos de Ramón Lobo, las entrevistas de Ana Pastor en El Periódico de Cataluña, los análisis de conflictos internacionales de Jordi Pérez Colomé, las viñetas de El Roto…
La fidelidad absoluta hacia los medios como empresas se diluye, al tiempo que crece con fuerza la presencia de los grandes nombres periodísticos. Ese ‘picoteo’ del que hablaba es fácil de imaginar, pero es una bomba de relojería para unas empresas que han perdido ese ‘poder’, que ahora descansa más sobre los que, realmente, aportan el valor añadido a su producto final.
Este es un fenómeno que, aún con el caos empresarial que conlleva, hace justicia con los que, a la postre, elaboran la materia prima por la que luego el lector debe pagar. Sin embargo, plantea un problema: ¿cómo cobrar por todo el ‘paquete’ de información, cuando el lector sólo quiere la columna de su autor favorito y las crónicas de deportes del fin de semana? Un problema que ha sido detectado en Holanda, donde ya se está experimentando con un muro de pago para periodistas freelance con prestigio que quieran probar suerte al margen de grandes cabeceras.
¿Cobrar por firmas más que por medios?
Mientras se hacen pruebas en el panorama holandés, en España los grandes medios están tratando de utilizarlo en su favor de una manera que, en ocasiones, es demasiado burda. No ya porque estén dispuestos a pagar importantes cantidades de dinero para que ese profesional de prestigio escriba en su medio y pueda aprovechar su ‘efecto llamada’, algo legítimo y que ha ocurrido siempre. Más bien porque han querido utilizar las firmas como pequeños medios en potencia, fundamentalmente, a través de las redes sociales. Los gerentes y ‘jefazos’ hicieron números, como explica Ramón Salaverría en este artículo: si a la visibilidad del medio se une la ‘microvisibilidad’ de cada uno de los periodistas…
Sea como sea, y al margen de humos y palabrería, la realidad es que los periodistas en sí mismos se han convertido en pequeñas marcas con credibilidad y seguidores similares a los de sus medios. ¿Llegará un momento en el que se cobre por firmas más que por los ‘paquetes’ de información de un medio? El tiempo lo dirá.
Una pausa. No es una decisión fácil, ni mucho menos. Pero tras muchos meses de trabajo, hago una pausa indefinida en TerritorioMalaga.com. La hago con la sensación de haber vaciado todas mis reservas de energía para plasmar allí el mejor periodismo que sé hacer. Con la satisfacción de que di lo mejor de mí para que así fuera.
Ante esta tesitura, hay dos caminos: lamentarse por no haber encontrado la solución y la ‘fórmula’ del éxito o quedarse con las lecciones aprendidas como un activo impagable para el futuro. Como quiera que un servidor siempre trata de mirar más a las luces y no tanto a las sombras, recopilo aquí las enseñanzas adquiridas con este ‘experimento’ periodístico, por si pueden ser de utilidad para otros ‘locos’ de este oficio que se estén planteando iniciativas similares.
Suena con fuerza la voz ronca y tan especial del ‘jefe’ llamando a traer la bola de derribo para echar todo abajo y volver a empezar (“mantener la rabia y no tener miedo… porque los malos tiempos vienen y van”). Se escucha mientras escribo este artículo, el número 500 de estas ‘Historias de un optimista’, que, por desgracia, tan abandonadas tengo últimamente. Medio millar de pequeñas historias, unas más positivas, otras menos… Unas más duras y otras más suaves; unas más desde las entrañas y otras más calculadas; unas mejores y otras peores… Pero siempre desde la honestidad y la sinceridad de alguien que sigue creyendo que ser periodista y optimista ni es contraproducente, ni es un imposible.
Desde que en 2009 abriera esta ventana digital tras la insistencia del amigo y maestro Agudo, mucho ha cambiado en esta historia. En ese momento daba por inaugurada esta bitácora con la impronta optimista que siempre me acompañó y que tanto me ha servido para no bajar los brazos por muy complicado que se pusiera el camino. Lo hacía desde la rebeldía que, pese a todo, sigue igual de viva, aunque algo escondida entre algunas otras cosas de la mochila. Este era el último párrafo, que dice mucho:
Me considero integrante del grupo de periodistas de vocación, de los que un día, siendo muy pequeño, soñó con contar lo que ocurría, con ser útil a la sociedad. Ha sido para mí una aspiración cumplida poder dedicarme a esto durante tres años. Me he partido la cara durante este tiempo por ser cada día mejor, por corregir mis miles de errores, por exigirme más y más… Por eso mismo, no me voy a dar por vencido en esta batalla. Si me tengo que marchar y dar un portazo a esta profesión como medio de vida, lo haré haciendo mucho ruido.
Era el comienzo de una travesía dura, quizás una de las más duras que se recuerdan en este oficio y también en este país, aunque también fructífera y útil. Muchas enseñanzas quedan en esos pasos, muchas experiencias que, con toda seguridad, servirán para tener la llave en otros momentos complejos de esta vida tan puñetera y maravillosa a la vez.
Ese día bajamos las cámaras delante de todo un presidente de la Junta. Ese día gritamos un lema que ahora, con toda la perspectiva que da el camino ya recorrido, es tristemente utópico: ¡No más despidos de periodistas! Lo dijimos alto y claro y, por un momento, aunque fuera muy breve, sentimos esa unión que tanto ha faltado al periodismo en momentos tan convulsos. Ahora, cinco años después, un grupo de periodistas, enviados por sus medios, se sentaban delante de un televisor de plasma para escuchar el mensaje del presidente de un país en estado de ‘shock’. Entre un punto y otro de la historia, ha habido muchos golpes y quizás muy poca reflexión de un oficio que en demasiadas ocasiones ha dedicado más tiempo a lamerse las heridas que a encontrar la salida.
Ahora hace ocho meses que comunicaba al que era mi director y a mis compañeros, en mi tierra, que quería dar un golpe de timón. Que necesitaba dar un giro y construirme nuevos retos. Lo explicaba en este blog: era una necesidad. Quería probar nuevas experiencias y aprender mucho más. Era consciente de que la decisión, quizás una de las más difíciles de mi vida, se tomaba en el momento en el que la tormenta más arreciaba. Ahora, echando la vista atrás, uno piensa que ha merecido la pena, aunque no todos los planes salgan como uno espere, ni todo sea tan fácil como algunos aseguran desde la barra de un bar o desde la mesa de un gran despacho de la Universidad.
El espíritu con el que nacía este blog permanecerá siempre. De eso no quepa la menor duda. Soy absolutamente optimista y lo defenderé ante quien sea y en los momentos que sean. No crean que no tengo razones para tener pesadumbre, ni para estar inquieto ante el futuro. Los optimistas no somos máquinas sin sentimientos, se lo aseguro. Pero, ni me rindo, ni me rendiré. Creo que tengo muchas razones por las que darle gracias a la vida y también otras muchas por las que no dejar de batallar, para defender lo que es mío y que algunos tratan de robar (entre otras cosas, la esperanza), para seguir pedaleando aunque la cuesta se haga más pronunciada, para seguir luchando por ser feliz. No es fácil, nadie dijo que lo fuera. Pero, el reto consiste, justamente, en conquistarlo con el viento en contra.
P.D.: Esta casa ha estado demasiado vacía en todo este tiempo, de muchos proyectos y, también, de mucha reflexión. Pero ahora me apetece mucho continuar alimentando una llama que, pese a todo, seguirá viva. Prometo volver asiduamente para hablar de comunicación, de periodismo y de la vida. Sin duda, seguimos en la lucha.
El periodismo local es, quizás, el más complicado y, a la vez, el más apasionante de los que pueda afrontar un profesional de este maravilloso y vilipendiado oficio. Es el que te devuelve a la calle, tras años colgado a teléfonos y teletipos; el que te pone a prueba; el que entrega de nuevo el protagonismo a quien no lo debió perder nunca. Es por esa razón por la que el que les escribe se puso hace varios meses manos a la obra para arrancar un proyecto, TerritorioMalaga.com, con el que poner en práctica esa forma de contar las cosas más cercanas. Con voluntad, energía, escasos recursos económicos y unas ganas inmensas comenzó la andadura, eso sí, en el momento más complejo de la historia. Hoy cumple tres meses y llega el momento de dar un impulso para crecer más, para hacerlo más grande. Eso sólo se consigue con más profesionales a los que les apasione este oficio y quieran demostrar que, pese a todo, se puede conseguir. Sólo se consigue con gente que se implique en hacerlo crecer mucho más. Les cuento…
Ese proyecto del que les hablaba se gestó durante tres meses: el nombre, que tuviera fuerza y reflejara su unión con el territorio; el enfoque, con un marcado acento ciudadano y huyendo de la política de partidos y de siglas; el radio de acción, focalizado en el distrito centro de Málaga, donde vivo; la financiación, basada en la publicidad con comercios de proximidad y con el crowdfunding; las secciones, en las que los vecinos y sus barrios debían estar por encima de todo; el diseño, humilde y sencillo pero, al menos, fácil de leer.
El día 19 de diciembre, en las vísperas de Navidad, abrió sus puertasTerritorioMalaga.com. Lo hacía con un reportaje sobre los ‘Ángeles Malagueños de la Noche’, con una entrevista con Juan Francisco Rueda, profesor de la UMA de Artes, sobre el desarrollo cultural en el centro de Málaga en la última década o con una historia sobre los mercados tradicionales de barrio. La recepción fue más que ilusionante, con mucha gente interesándose e, incluso, con algún post en blogs tan destacados como ‘Error 500′ de Antonio Ortiz.
Llega el momento de dar un impulso y hacerlo más grande y eso sólo se consigue con más profesionales que se impliquen
Pese a que había periodistas cercanos interesados en un principio, el proyecto acabó arrancando principalmente sobre los hombros de un servidor. Sabía que era difícil, un reto muy complicado pero, a la vez, ilusionante. Era, por supuesto, una apuesta arriesgada pero por qué no intentarlo. No perdía absolutamente nada, sólo podía ganar. Seguía poco a poco creciendo en visitas y, sobre todo, en visibilidad. En el camino se fueron acercando compañeros de oficio y de otros sectores interesados en colaborar en la iniciativa y formar parte de ella. Sin embargo, ninguno de ellos acabó implicándose. Contacté con personas cercanas, pero el camino seguía siendo prácticamente en solitario.
Hoy se cumple el primer trimestre. El balance es más que positivo, no sólo en lo profesional, sino en lo personal. No sólo por que me ha permitido trabajar en mi oficio, el que siempre soñé, porque he aprendido muchas herramientas y formas de contar la realidad, porque he descubierto que disfruto más de lo que me podía imaginar contando historias humanas o porque he cursado un máster intensivo de periodismo digital con un 100 % de horas prácticas. No sólo por eso, también por las lecciones vitales que me llevo, algunas buenas y otras no tanto.
Pero en este momento, en el que el proyecto ya está lanzado y rodando, es necesario un impulso. Es imprescindible pisar el acelerador y eso sólo se consigue con apoyo de más profesionales, no sólo del periodismo sino también de la programación web o de la gestión comercial. Tras este tiempo, he llegado a dos conclusiones: 1) Es un proyecto viable; 2) Para lograr esa viabilidad debe haber más manos trabajando y más cabezas pensando. ‘Territorio Málaga’ es una apuesta personal, en la que he invertido mucho tiempo, pero también una iniciativa que estoy convencido de que puede dar sus frutos. Es por esa razón por la que les animo, te animo, a que, si quieres contar buenas historias o implicarte en un proyecto que las busca a diario, te unas.
Miren, llevo mucho tiempo leyendo y escuchando aquello de que ahora los periodistas deben implicarse y conquistar el futuro que hoy por hoy es muy incierto para los grandes medios de comunicación. Incluso yo lo he dicho en este blogen alguna ocasión y así lo creo firmemente. Sin embargo, en estos meses he percibido escasa iniciativa, mucho más lamento que acción, más miedo que energía.
TerritorioMalaga.com necesita más hombros de socios para hacerlo crecer y consolidarlo como una forma de hacer un periodismo distinto
Sigo siendo un optimista convencido, no quepa la menor duda. Sigo pensando que el futuro del oficio de periodista pasa por que seamos nosotros los que tomemos el timón, pero también por la unión, por el trabajo colectivo. TerritorioMalaga.com necesita más hombros de socios que sigan arrimándose para hacerlo crecer. Se trata de luchar por que un proyecto así siga en pie demostrando que sí se puede hacer un periodismo distinto. Creo que merece la pena.
¡Únete! Si quieres formar parte del proyecto y que lo impulsemos juntos, sólo tienes que contactar conmigo en el correo jesusmargon83@gmail.com. ¡Muchas gracias!