El ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, en una entrevista en La Vanguardia sobre su plan de pensiones privado: “La polémica, en algunos casos, está llena de hipocresía”. ¿Hipocresía? Para el responsable último del sistema público de pensiones (uno de los pocos logros reales y palpables del llamado estado del bienestar) es hipócrita que se le critique por predicar una filosofía que, en la intimidad, no aplica ni aplicará; por tratar de convencer a diario a los ciudadanos sobre la extraordinaria fortaleza del sistema cuando él lo ‘complementa’ (sic) con un plan alimentado con 300 euros mensuales; por afear a aquellos que osan poner en duda el futuro de ese ‘premio’ -a los que llevan toda la vida trabajando- después de llevar más de 30 años pagando religiosamente a alguna de las compañías privadas… Claro que sí, ésa sí que es una actitud coherente, ejemplar y hasta moral. La que se merecen los ciudadanos que los votan.
Y lo más curioso es que no se trata de una excepción, de una gota en la inmensidad del buen hacer de nuestros responsables públicos. Para muestra un botón: todos los partidos creen indispensable un pacto por la educación, para lograr que salgamos de esta crisis con una mejor formación, mientras que llevan a sus hijos a los colegios privados más elitistas, para ‘complementar’ (al igual que Corbacho con su ‘minipensión’) a los colegios públicos. ¿Para qué van a matricular a sus pequeños retoños en esos cutres colegios públicos, en los que se mezclan con el resto de la ‘plebe’ y donde no pueden disfrutar de clases bilingües y actividades complementarias de postín? Si es que tiene toda la lógica…
Y cómo va a ser incoherente que se gasten de las arcas públicas millones y millones de euros en una sanidad que adolece de interminables listas de espera, de una atención cada día más deficitaria, por la que ni ellos mismos apuestan, acudiendo a las clínicas privadas más caras, dotadas con el mejor material y los mejores recursos humanos (procedentes, por cierto de los hospitales pagados por todos).
Y yo me pregunto, ¿por qué algunos humildes ciudadanos se atreven a poner en tela de juicio la probada honorabilidad de nuestros aclamados políticos, cuando predican austeridad y cierre de las inversiones y mantienen privilegios indispensables para trabajar a diario por mejorar este país?
A veces, pienso: ¡Qué exigentes somos!
























