Dice el escritor mexicano Doménico Cieri que la prisa es la trampa del tiempo. Estamos inmersos en un mundo que nos obliga, directa o indirectamente, a vivir a toda velocidad. Lo importante es llegar el primero a toda costa, sin más. Y con esas ruedas de molino, un servidor que les habla no comulga.
Puede parecer una incoherencia habida cuenta de que lo hace alguien que se gana la vida en el oficio más maravilloso del mundo, al que la rapidez se ha unido como un concepto intrínseco. Nada más lejos de la realidad. Es precisamente por coherencia por lo que quiero plantearme levantar el pie del acelerador que hoy está pisado a fondo. Hacerlo no sólo en el ámbito personal, sino en el plano profesional. Y ahí es donde entra este blog, que me acompaña y forma parte de mi vida desde hace ya varios años.
En internet estamos inmersos, como traté de trasladar hace varios días en el post ‘¿Por qué simplificar cuando es necesario profundizar?’, en un preocupante proceso de simplificación excesiva en un mundo que requiere pausa y reflexión. Así, yo también me subí a ese carro y me obligué a mí mismo a actualizar esta casa a diario con contenidos propios u opiniones sobre temas como el periodismo, la comunicación o las redes sociales. Seguí a una cantidad ingente de fuentes que no hacía más que incrementar la temida infoxicación e intenté abarcar mucho más de lo que los ‘brazos’ virtuales me permitían. Pero en honor a esa coherencia a la que hacía mención más arriba, debo frenar.
¿Y eso qué significa? Pues que mi filosofía de publicación cambiará: más profundidad, pese a menos cantidad. No quiero obligarme con secciones con una periodicidad casi imposible (como la de ‘Maravillas del marketing en redes’), ni un calendario de publicación que no haga más que generarme insatisfacción por no ofrecer el contenido que me gustaría. Para los ‘fogonazos’ está Twitter y Facebook y para las anotaciones está Tumblr. Por tanto, esta casa quiero reservarla para seguir diseccionando temas de comunicación, periodismo o redes sociales pero de forma más pausada y reflexiva. Quiero abrir esta ventana, al menos, una vez por semana pero para profundizar. En un mundo de sobreabundancia, esa coherencia de la que hablábamos antes me lleva a apostar por un principio básico: Menos y mejor frente a más y peor.
Pero que quede claro algo: Seguimos en la brecha. Ahora más que nunca.






















