Hace unos días en la gala de los Goya, el director de la Academia del Cine español, Enrique González Macho, trató de volver a un mundo imposible, en el que el séptimo arte dé la espalda a Internet por no ser hoy una alternativa económica viable para las empresas. Lo hizo tan sólo un año después de que su antecesor, Álex De la Iglesia, abriera la puerta a la red como un aliado y no como un enemigo e interpretara la realidad tal cual es: “Nada de lo que valía antes, vale ya. Las reglas del juego han cambiado”. En ese momento, ya me temía que ninguno de esos asistentes glamurosos que lo escucharon horrorizados iba a cambiar su visión de un negocio que se asoma al precipicio sin tomar medidas. Lástima que así haya sido.
Pese a ello, este paso atrás en la visión del máximo órgano que representa a la industria del cine español se merece una contestación con números. Y poner los puntos sobre las íes en la realidad actual con cifras del propio Ministerio de Cultura:
- En el primer semestre de 2011 las películas españolas recaudaron 9,1 millones de euros, tres veces menos que un año antes.
- Los cines en España redujeron en un año un 7,6% la cifra de espectadores hasta los 101 millones, la más baja con amplia diferencia en la última década.
- En siete años, el precio de las salas de cine ha subido un 36% en los últimos siete años, hasta unos casi prohibitivos 6,52 euros de media.
Fuente: Ministerio de Cultura
Leyendo estas cifras uno podrá pensar que se pueden achacar a la crisis económica y los bolsillos vacíos de los españoles. Pero, también cabe, analizando la evolución claramente a la baja en la última década, la autocrítica. No sólo por la discutible calidad de una parte importante de ese cine, sino también por unos precios que tratan de sostener una industria obsoleta en un juego en el que han cambiado todas las reglas.
Con ese escenario, ¿qué hace el grueso de los profesionales del sector? ¿Se adaptan a la nueva realidad? ¿Buscan alternativas reales? ¿Acuden a donde está su potencial público, hablando su mismo idioma y distribuyendo el contenido de la forma en que ellos lo hacen? En absoluto. He aquí tan sólo algunas de las medidas que toma la inmensa mayoría de esa industria:
- Suben los precios hasta máximos históricos para tratar de compensar la debacle:
- Se agarran como a un clavo ardiendo a una política de subvenciones contraproducente con el que palían con dinero público su falta de repercusión en el público.
- Tratan de mantener una estructura de costes brutal en el que los intermediarios siguen siendo los principales beneficiarios en un mundo cada vez más directo.
- Impulsan y lideran una normativa que abre la puerta a numerosos atropellos contra la libertad de expresión.
Mientras tanto, el consumo de cultura y contenidos se traslada claramente a internet. No es el futuro, ni mucho menos. Es un presente más que consolidado. Decía ayer en un artículo Álex de la Iglesia, que suscribo palabra por palabra:
El cine, por encima de sus derechos, tiene que pensar en sus obligaciones, y la primera es trabajar para el público, y buscarlo donde se encuentre. El público vive y piensa, trabaja y se comunica a través de Internet: comparte ideas, creaciones, música, películas. Vive en Internet. ¿No es lógico, sensato y tremendamente urgente proponer modelos de negocio que se adapten a las necesidades del público?
Más claro es imposible. No se trata de que el mercado se amolde a ti, a tus intereses y a un status quo en el que el riesgo es mínimo. El quid está en adaptar tu negocio a los nuevos hábitos de consumo y esos llevan a internet. Los patrones se basan en dos principios: poder consumir cuando y donde quiera y la desaparición de los intermediarios por ser prescindibles en este nuevo ecosistema. Por ello, en estos dos últimos años ha llegado con fuerza el cine bajo demanda como una primera alternativa. Algunos ejemplos:
- Netflix: Aún no ha aterrizado en España, pero es el líder mundial. Mientras el resto del mercado sigue cayendo, ellos crecen. En 2011 superaron las expectativas de ventas y alcanzaron los 876 millones de dólares. Llevan años en el mercado, aunque en la última etapa ha abandonado casi por completo la venta de DVD físicos para centrarse en internet.
- Filmin:servicio creado en España muy centrado en el cine independiente.
- Youzee: impulsado por Yelmo Cines y en fase beta. Aún así ya tiene 37.000 usuarios. Se basa en una suscripción mensual.
- Wuaky TV: lanzada hace un año por un grupo de ejecutivos del cine y el capital riesgo ha logrado en este tiempo 100.000 usuarios.
- Voddler: una plataforma similar que acaba de aterrizar en España, pero con un catálogo más que mejorable.
- Otros servicios en ciernes como el que prepara la distribuidora Cinesa.
Se trata de los primeros pasos de una revolución. Con ello, ¿está todo hecho? En absoluto. Queda mucho por hacer, especialmente en un país como España en el que no hay una extendida cultura del pago por los contenidos en internet como en Estados Unidos. Hace falta evangelización, alternativas y mucho trabajo. No va a ser fácil acertar y habrá seguro muchos fracasos. Pero la industria está obligada a hacerlo si quiere sobrevivir. No en vano, ha quedado patente en estos últimos tiempos que no hay marcha atrás, por mucho que se empeñe la Academia del Cine. Las reglas del juego han cambiado y el tiempo corre demasiado deprisa. Cuanto más se tarde en reaccionar más difícil será la adaptación.























