Sentirse periodista

La vocación está intacta. Esa, pase lo que pase, seguirá siempre viva. Pero uno tiene sentimientos encontrados sobre el mejor oficio del mundo. Es el momento en el que ejercerlo pegado a la calle es relativamente sencillo, por los bajos costes y la enorme cantidad de herramientas al alcance. Pero, a la vez, es complicado, por la maldita rentabilidad. "En Read more

Seis preguntas sobre los futuribles muros de pago en periódicos españoles

Llevaba meses en los mentideros mediáticos y ahora las voces se refuerzan. Los grandes periódicos españoles se plantean firmemente la ‘construcción’ de un muro de pago para tratar de diseñar así un modelo de negocio digital que han ido posponiendo durante los últimos años. Según estas primeras informaciones, el que abrirá fuego será El Mundo y será tras el Read more

Ser pesimista es 'cool' y otros mitos del montón

Ser optimista es de ilusos y empuñar el pesimismo como arma es de inteligentes, de mentes privilegiadas que ven la realidad tal y como es, que no venden humo... Bla, bla, bla. Seguro que lo habéis oído/leído alguna vez y más en esta etapa convulsa que vivimos, en los que tratar de poner la vista en el lado brillante Read more

La dura batalla por recuperar la esperanza

Era marzo de 2008. Aún estábamos al comienzo de una casi eterna travesía en el desierto. Nada hacía presagiar lo que aún quedaba por llegar (y por sufrir). Fue en ese punto de la historia, de nuestra historia, donde surgió un carismático senador negro en EEUU que repetía una y otra vez una palabra: Hope. Sus discursos estaban repletos Read more

El 'poder' de los lectores en eldiario.es: ¿Un arma de doble filo?

Que los periodistas recuperen el control de los medios, y volver a mirar de nuevo a los ojos al lector. Es lo que se reclamaba a gritos en una de las mayores crisis de credibilidad que se recuerdan en los medios y que han hundido a los periodistas como los profesionales peor valorados de la sociedad en nuestro país. Read more

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El tiempo se agota para las redes sociales: sin ingresos no hay futuro

 

Cuando las redes sociales comenzaron a crecer de manera exponencial, los usuarios representaban el único baremo fiable para valorar la buena marcha económica de las empresas. No había ingresos y para seguir mejorando y creciendo se necesitaba inversión externa que empujaba casi hacia el infinito la valoración de las marcas. Ahora, unos años después, esos que pusieron el dinero encima de la mesa quieren ingresos, quieren un modelo de negocio estable y urgen a sus jóvenes fundadores para que lo diseñen ya. El tiempo se agota.

El punto de inflexión ha sido la salida a Bolsa de Facebook, con una valoración absolutamente desmedida y sin un negocio estable para el móvil. El modelo de publicidad no termina de convencer a esos inversores que desde mayo han huido hasta hundir el valor de la compañía desde los 38 euros de salida a los 17 euros que llegó a principios de este mes de septiembre y que, hasta ahora, es su suelo. La desconfianza es creciente y las soluciones mágicas siguen sin llegar. Pese a que existen buenas perspectivas, no sólo en la plataforma general sino en el móvil (principal talón de Aquiles), se trata de un toque de atención muy serio a una empresa cuyo valor era cien veces los beneficios del pasado año 2011.

Como era de esperar, el ‘efecto arrastre’ ha alcanzado a otros actores del mundo 2.0. Es el caso de Tumblr, cuyos inversiones presionan, como explica en Business Insider, al equipo directivo para que pongan en marcha la máquina de ingresar dinero. Los posts promocionados o las ofertas a desarrolladores no han surtido efecto en el momento más delicado. Las palabras de uno de los responsables de producto no pueden ser más acertadas: “Las valoraciones económicas se han de justificar ahora. Antes era como, usted tiene una gran cantidad de usuarios, eso es genial; ahora es como, bueno, ¿qué vamos a hacer con ellos?”. Hoy la compañía fundada por el joven David Karp y cuya valoración supera los 1.000 millones de dólares.

No son los únicos casos. Las dudas se ciernen sobre Twitter, que no consigue encontrar la fórmula para esos ingresos. Mientras tanto, en el río revuelto 2.0, Linkedin es la única que ha logrado establecer un sistema que logra mejores resultados y es algo más estable que el resto.

¿Quiere esto decir que la burbuja se va a pinchar, que las redes sociales son un gigante con pies de barro? No lo creo. Todas estas empresas tienen dos activos muy potentes: millones de usuarios entregados a su uso y una cantidad ingente de datos para lograr una mayor segmentación y efectividad en la publicidad. Pero sí es cierto que los nervios se intensifican de los creen que ha llegado el momento de convertir un fenómeno social, en un fenómeno económico. Y sin ingresos no hay futuro.

(La imagen es de Clasesdeperiodismo)

Publicado en por Jesús Martínez González in Social Media Deja un comentario

Las redes sociales y la ‘trampa’ de los usuarios activos

 

Las redes sociales como canalizadoras de todo el debate social, como plataforma que alberga todos y cada uno de los temas que preocupan al común de los mortales… Es uno de esos axiomas que de tanto repetirlo se ha convertido en una verdad absoluta para muchos de los que se asoman a diario por aquellos lares. Es la teoría de que los Trending Topics se convierten en el reflejo claro y nítido de lo que se habla en las barras de los bares o junto a las máquinas de café de las empresas. Nada más lejos de la realidad.

Y es falso desde el mismo momento en el que se confunde la parte por el todo, en el que se da por hecho que todas las cuentas registradas tienen detrás usuarios activos que no dejan de opinar, compartir o debatir sobre los temas a diario.

Para empezar a analizar las cifras, es, cuando menos, sospechosa la escasez de información sobre este tipo de usuarios en las grandes redes. Facebook y Twitter se han resistido a ofrecer esas estadísticas como parte fundamental a la hora de valorar su penetración social real.

 

 

Empecemos por el caso de Facebook. Hace unas semanas, el gigante fundado por Mark Zuckerberg se jactaba de haber superado los 900 millones de cuentas registradas en la red. Un auténtico logro que lo situaba como líder absoluto en el universo 2.0. Y llegaron las comparaciones de siempre: si fuera un país sería el cuarto más poblado del mundo. Pero, ¿realmente esa población es activa? ¿Podemos decir que usan la herramienta en su los 900 millones? En absoluto. Según los propios datos de Facebook, sólo el 58 por ciento lo hace a diario, es decir, unos 526 millones de cuentas. Son ocho puntos más que hace tres años, pero sigue siendo un porcentaje muy escaso.

 

 

Pero vayamos al caso de Twitter. Ocurre algo parecido, pero el porcentaje es, incluso, mucho más bajo que en la red Zuckerberg. Pese a la escasez de información ofrecida por la compañía, varios estudios calculan que de los 500 millones de cuentas registradas apenas 140 millones se pueden calificar como usuarios activos. Es decir, menos de un tercio del total.

Las razones pueden ser variadas. Los hay que inician su experiencia en la red y deciden que requiere mucho esfuerzo (en el reciente estudio de Twitter en España crece de forma importante los usuarios que deciden tomarse un periodo ‘sabático’ en la red). Otros dosifican su actividad para evitar una saturación en toda regla. E, incluso, también están los que fallecen, algo que incluso ha sido visto por Facebook que ofrece ya su propio cementerio ‘virtual’.

Por una razón u otra, es evidente que no es oro todo lo que reluce en las grandes cifras. Y aquí llegamos de nuevo al eterno debate sobre la burbuja de las redes y su sobrevaloración, no sólo económica sino también social. Medir al peso la potencia de las redes puede ser letal. No hay más que ver el desplome de Facebook en Bolsa, que midió sus fuerzas antes de lanzar la oferta a los inversores basándose más en el número de usuarios y no en un modelo de negocio estable al margen de la publicidad pura y dura (que se ha demostrado que sigue a la baja).

Este es sólo un ejemplo más de que vivimos un fenómeno imparable y muy interesante, que ha cambiado las relaciones sociales, pero que también está siendo desorbitado por todos. Negar la evidencia sería una estupidez. Pero lo sería aún más perder la perspectiva.

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Bonus Track: Como el mundo de las redes sociales (como la vida) hay que analizarlo de forma crítica, sin perder la perspectiva, con una pizca de sensatez y con mucho buen humor os dejo una parodia (en inglés) sobre esos vídeos con apabullantes cifras que demuestran su crecimiento en los últimos años.

Publicado en por Jesús Martínez González in Social Media, web 2.0 7 Comentarios

La conversación en las redes sociales: ‘No me chilles que no te veo’

Afirmar que las redes, especialmente Twitter, han sido, son y, quizá en el futuro, serán una gran batalla de egos es, simplemente, constatar una realidad. No significa ningunear un fenómeno que ha cambiado la forma de relacionarse entre personas, ni acusar a todos los usuarios de ser unos narcisistas inaguantables. Se trata de poner nombre a lo que hacemos a diario en aquellos lares. Reflexiona: ¿no hablas de tus logros, de tus opiniones sobre la actualidad o sobre la vida, de tus intereses, de las noticias que te interesan o preocupan, de tu vida diaria o, incluso, de los elogios que los demás te dedican? ¿No te has sorprendido mirando su cifra de seguidores en Twitter, tus fans en Facebook, consultando tu influencia en las miles de herramientas que hay disponibles para ello o comprobando la cantidad de retuits que has recibido con tu último e ingenioso tuit? En mayor o menor medida, todos seguimos alimentando allí nuestro ego y negarlo es una estupidez.

Partiendo de esa base y teniendo presente ese narcisismo intrínseco en la filosofía de las redes (algo que no le quita ni un ápice de su utilidad social, profesional y personal), un servidor, que abrió su cuenta en los gigantes Facebook y Twitter allá por 2009 –aquella época en la que la crisis era casi un nuevo descubrimiento para Zapatero y la prima de riesgo una desconocida-, siempre ha estado interesado en esa conversación que tanto debe alimentarse y cuidarse según unos gurús que, desde su púlpito, la ningunean en demasiadas ocasiones. Y tenía vivo interés en esa cuestión porque estaba (y estoy) convencido de que la infoxicación a la que estamos sometidos a diario, la dificultad para filtrar el contenido y la incapacidad de muchos usuarios para saber separar el grano de la paja hace que el diálogo se vaya convirtiendo poco a poco en un monólogo compartido entre todos. Llega un momento en que es un mundo inabarcable que acaba convirtiéndose en un gigantesco grupo de gente hablándose entre ellos o, mejor dicho, para sí mismos, pero escuchándose poco (casi como la sociedad individualista que construimos).

Y para sostener esa afirmación, me gustaría aportar algunos datos que pueden ser reveladores:

  • Cuando usted publica un enlace a una noticia o a su último post que tanto le costó piensa que detrás hay una ingente cantidad de usuarios que harán clic inmediatamente. Nada más lejos de la realidad. Un estudio reciente establece que la media de clics es bajísima (sólo siete de cada cien) y se reduce progresivamente conforme el usuario suma más ‘followers’.
  • La paja y el grano: otro estudio señala que sólo el 41 por ciento de los tuits que leen los usuarios les parecen relevantes (visto aquí). La peor parte se la llevan los tuits con los ‘check ins’ o actualizaciones de la red de geolocalización Foursquare.
  • Los medios de comunicación no interaccionan y dialogan con su audiencia. El ‘tuitexperimento’ lo dejó claro: más de la mitad no contestaron a las preguntas hechas por el equipo que llevó a cabo la iniciativa.
  • El estudio del Estado de Twitter en España, publicado ayer por la Asociación de Economía Digital, plasmaba dos datos elocuentes:
  1. ¿Cuál es la razón por la que dejar de seguir a alguien? El 80% dice que generan demasiada información para seguirla.
  2. ¿Has dejado abandonado en algún momento la red? El 60% admite haber tenido épocas de inactividad y la razón fundamental: exige demasiada dedicación.
  • ¿Y crees que en Facebook todo es distinto? Cuando publicas esa actualización sobre tus vacaciones o esa canción con la que quieres transmitir buen rollo piensas que detrás hay una legión de amigos disfrutándola, ¿no? Nada más lejos de la realidad. Se estima que apenas un 12% de tus contactos en la red de Zuckerberg verán tus intervenciones.

Con estos datos sobre la mesa, uno se pregunta si lo que, en realidad, hacemos la mayor parte del tiempo en las redes es casi hablar solos. Desconozco si el problema se soluciona con una mejor y más exhaustiva selección de tus contactos, de tu timeline o de los contenidos, con una filosofía en la que impere la calidad frente a la cantidad o con días de 40 horas. Lo que resulta más que evidente es que, progresivamente, el crecimiento de las redes (y, por ende, nuestra actividad en ellas) está haciendo perder a éstas su lado más social. La supuesta conversación de la que todos hablan pero que se practica con cuentagotas empieza a ser más un monólogo colectivo sin mucho sentido que tiene más que ver con los diálogos que mantenían Earl Barret y Arne Sultan en ‘No me chilles, que no te veo’.

Publicado en por Jesús Martínez González in Social Media, web 2.0 2 Comentarios

La compra de Instagram y la sobrevaloración 2.0

Es una de las operaciones del año en las redes sociales: Facebook trata de consolidarse en el mundo móvil engullendo a la aplicación más afamada para fotografía en la actualidad. Desde ese punto de vista, la estrategia no es, en absoluto, equivocada. Sin embargo, lo más llamativo no es el movimiento en sí en el tablero 2.0, sino el coste que ha supuesto para la compañía de Mark Zuckerberg. Mil millones de dólares por una compañía con apenas año y medio de vida, 30 millones de usuarios y una plantilla de trece empleados.

Al margen de las opiniones sobre si habrá una fuga de usuarios tras esta operación o sobre si en el futuro Facebook acabará destruyendo a la compañía recién adquirida (como ya ha ocurrido en muchas compras de gigantes como Twitter o el propio Google), hay una conclusión clara: la sobrevaloración económica de las 2.0 no cesa. Zuckerberg ha hecho ese gran desembolso por una firma que ni tiene un claro modelo de negocio a corto plazo ni tiene apenas ingresos en la actualidad.

Hace unos días, la empresa, con casi dos años de vida, había sido valorada en 500 millones de dólares, una cantidad ya de por sí era muy alta. Sin embargo, Zuckerberg ha decidido romper todas las cifras y poner sobre la mesa el doble. Algunos apuntan a que esa apuesta tan alta se debe a que había otras ofertas sobre la mesa. Otros recuerdan que la compañía fundada por Kevin Systrom era el único competidor real de Facebook, cuyo talón de Aquiles sigue siendo la fotografía. A ello, uniría la intención de la empresa con sede en Melo Park (California) de sacar músculo ante una inminente salida a Bolsa, ante la cual ha sido valorada en… ¡más de 100.000 millones de dólares! Hay que recordar que se trata de una firma con unos ingresos que alcanzan los 3.700 millones y unos beneficios de más de 660 millones anuales.

Las redes sociales no son una moda pasajera ni un fenómeno sin futuro. En absoluto. Es una nueva forma de comunicación, cuya base se mantendrá para ir evolucionando poco a poco. ¿Es lógico que existan muchas expectativas económicas en firmas con cientos de millones de seguidores y con una gran proyección futura? Por supuesto, pero es peligroso calcular el valor económico de las compañías en función, principalmente, de los usuarios y no de los ingresos. ¿Es real que Facebook valga 150 veces sus beneficios? Por mucho que pueda crecer y rentabilizar sus más de 800 millones de usuarios en los próximos años y todo lo que ello conlleva, sigue pareciendo demasiado dinero, al igual que ocurre con otras muchas.

La compra de Instagram por más del doble de la valoración hecha sólo unos días atrás nos devuelve a un escenario de sobrevaloración económica del 2.0. Si no hay más sorpresas, el siguiente hito en esta particular carrera llegará con la cotización de la compañía de Zuckerberg. Y mientras seguimos preguntándonos dónde está el límite.

Otro enlace:

Publicado en por Jesús Martínez González in Internet, Social Media, web 2.0 Deja un comentario

Mamá, quiero ser como Mark Zuckerberg

Dos jóvenes apasionados que en un garaje humilde o en una habitación de una residencia universitaria con escasos recursos y muchas ideas geniales crean una de las grandes empresas tecnológicas de todos los tiempos. Google, Amazon, Microsoft, Apple o Facebook… Han cambiado el curso de la historia, han copado los primeros puestos en los principales mercados mundiales  y han hecho a sus fundadores multimillonarios. Y, sobre todo, han instaurado un concepto peligroso, por ser en un fraude en sí mismo: con poco dinero y el esfuerzo justo se puede triunfar y hacer historia.

Ahora que la crisis económica arrecia aún más, el emprendimiento en Internet puede ser una salida alternativa e interesante para los miles de jóvenes que han perdido su sitio en el mercado laboral. Con una reforma laboral que deja a los asalariados más desprotegidos que nunca, son muchos los que muestran ese camino, a veces con una frivolidad digna de estudio y que puede hacer perder claramente la perspectiva.

El bombardeo con mensajes basados en un ‘pelotazo’ digital (como ocurriera con la construcción y el sector inmobiliario en España) es continuo y, como decía, muy peligroso. Los medios de comunicación, los blogs, los periodistas ponemos el foco, en la inmensa mayoría de las ocasiones, únicamente en lo positivo, en el triunfo rápido trasladando una imagen errónea del emprendimiento en Internet.

Zuckerberg montó Facebook en su habitación en la Universidad de Harvard para poner en contacto a universtarios. SergeY Brin y Larry Page crearon Google en la habitación de este último de la Universidad de Standford. Un joven e idealista Steve Jobs construyó su primer ordenador Apple en el garaje de la familia del ya fallecido fundador. “¿Por qué no repetirlo?”, se preguntarán miles de jóvenes que sueñan con ser el siguiente que se una a la lista. “Mamá, quiero ser como Mark Zuckerberg”, dirán otros.

Pero es aquí donde falla el sistema, pues no se cuenta toda la verdad. Todos estos jóvenes que hicieron historia eran (y son) genios únicos, que conquistaron la cima después de mucho trabajo, de mucha ayuda, de ingentes cantidades de ideas maravillosas, de una buena dosis de oportunismo y suerte… Y, sobre todo, de innumerables fracasos.

El paradigma de esa cultura del fracaso es Google. Muchos podrán pensar que en el gigante del buscador aciertan en todo lo que se proponen, pues sólo hay que ver la cuenta de resultados y su evolución. Nada más lejos de la realidad. Han sido muchos los errores cometidos, muchos los proyectos que se quedaron en nada o que, simplemente, no funcionaron.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que esos gigantes que nacieron en un garaje o en una humilde habitación universitaria deben ser referentes, pero con el foco en todo: en el éxito fulgurante, pero también en el fracaso más estrepitoso; en el crecimiento rápido y, además, en la capacidad de superación incansable; en la meta, pero aún más en la carrera para llegar a ella… Las luces y las sombras, para evitar falsas expectativas.

Publicado en por Jesús Martínez González in economía, Internet 2 Comentarios