Dar noticias positivas más allá de la prima de riesgo, los mercados o el desempleo; disfrutar de unas minivacaciones con tus amigos; llorar de alegría y vibrar durante el concierto de tu cantante favorito; ilusionarte ante el estreno de cine que tanto tiempo llevabas esperando… Hasta hace muy poco, eran quizás los ingredientes que hacían la vida un poco más feliz y llevadera. Con el recrudecimiento de la situación económica se han convertido para algunos en nuevos ingredientes con los que convertir a la ciudadanía en una masa sin espíritu crítico, desinformada y desconectada de la realidad en manos del poder político o económico… A esa lista, que empieza a ser interminable, hay que sumar el fútbol.
Ahora que vienen mal dadas, que las cuentas no salen y las dificultades se incrementan, lo que antes eran pequeñas razones con las que ser feliz hoy se convierten en motivos con los que acaba entrándose en un adormecimiento peligroso. Ha ocurrido con la Eurocopa y la victoria de España ante Italia. Durante los últimos días, muchos de esos españoles responsables y ejemplares se encargaban de dar lecciones de moral a aquellos que vivían con pasión momentos históricos para el deporte español. “Es una cortina de humo”, “Es el opio del pueblo”, “Sólo sirve para distraer de los recortes y lo realmente importante”.
El razonamiento, cargado de demagogia barata, no puede ser más injusto. Muchos miles de personas que ayer festejaban el triunfo de ‘La Roja’ llevarán mucho tiempo sufriendo haciendo números para salir adelante, ayudando al de al lado en un momento complicado; reivindicando sus derechos donde y como puede… ¿Desde cuándo es un ciudadano irresponsable y altergado quien hace un paréntesis en su batalla diaria para tratar de disfrutar?
No soy un futbolero de pro ni vivo con especial pasión los partidos. Pienso que es un deporte sobrevalorado en lo económico y que tiene en su ADN excesos que, en muchas ocasiones, resultan vergonzosos. Pero eso no es obstáculo para entender a quien disfruta con partidos como el de domingo; al joven que aparta por un momento los malos augurios y la falta de horizonte para fijarse en quienes siguen superándose partido a partido; al padre de familia que deja la calculadora y los números con los que llegar a fin de mes para sentir que vive un momento histórico; a la abuela que, tras años de decepciones, consigue llevarse una satisfacción con la que paliar sólo un poco una vejez llena de recortes y desmanes de los de arriba.
¿Que hay medios que pierden la perspectiva y tratan de convencernos de que somos invencibles en Europa, mientras nuestros bancos han de ser rescatados? Por supuesto. ¿Que han sobrado algunos viajes oficiales de nuestros gobernantes y parte de las quizás exageradas celebraciones oficiales? Claro que sí. Pero eso no quiere decir que los españoles no sean conscientes de dónde están, ni de la crisis, ni de su batalla diaria. Apuesto a que muchos de los que el domingo vibraron y se emocionaron con la victoria al día siguiente volvieron de nuevo al duro trabajo, a las dificultades, a la lucha incansable… Pero lo harán con una sonrisa, con la alegría que reclamaba como un derecho el gran Benedetti, con una pizca de esperanza necesaria para afrontar los momentos complicados que vendrán, con un ejemplo más de superación. Eso no es opio, ni velos, ni humo… Eso es, simplemente, la vida.
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