Ser optimista es de ilusos y empuñar el pesimismo como arma es de inteligentes, de mentes privilegiadas que ven la realidad tal y como es, que no venden humo... Bla, bla, bla. Seguro que lo habéis oído/leído alguna vez y más en esta etapa convulsa que vivimos, en los que tratar de poner la vista en el lado brillante Read more
Era marzo de 2008. Aún estábamos al comienzo de una casi eterna travesía en el desierto. Nada hacía presagiar lo que aún quedaba por llegar (y por sufrir). Fue en ese punto de la historia, de nuestra historia, donde surgió un carismático senador negro en EEUU que repetía una y otra vez una palabra: Hope. Sus discursos estaban repletos Read more
Que los periodistas recuperen el control de los medios, y volver a mirar de nuevo a los ojos al lector. Es lo que se reclamaba a gritos en una de las mayores crisis de credibilidad que se recuerdan en los medios y que han hundido a los periodistas como los profesionales peor valorados de la sociedad en nuestro país. Read more
Ese pensamiento con el que ríes sin parar.
Ese café eterno para compartir una esperada conversación.
Esa canción maravillosa que suena en el ordenador y que te empuja a bailar y cantar sin más.
Ese paseo por calles aún por descubrir.
Ese nuevo reto conseguido.
Esa reconfortante sensación del trabajo bien hecho.
Ese abrazo en el momento en el que más lo necesitas.
Esa mirada de Read more
La marca personal es uno de esos conceptos manidos hasta la saciedad, repetido en infinidad de congresos y jornadas endogámicas, utilizado por un buen número de esos gurús que siguen sentando cátedra sobre cómo hacer periodismo detrás de la mesa de un despacho. Es, quizás, uno de los máximos exponentes de ese humo que envuelve en demasiadas ocasiones a Read more
Una pausa. No es una decisión fácil, ni mucho menos. Pero tras muchos meses de trabajo, hago una pausa indefinida en TerritorioMalaga.com. La hago con la sensación de haber vaciado todas mis reservas de energía para plasmar allí el mejor periodismo que sé hacer. Con la satisfacción de que di lo mejor de mí para que así fuera.
Ante esta tesitura, hay dos caminos: lamentarse por no haber encontrado la solución y la ‘fórmula’ del éxito o quedarse con las lecciones aprendidas como un activo impagable para el futuro. Como quiera que un servidor siempre trata de mirar más a las luces y no tanto a las sombras, recopilo aquí las enseñanzas adquiridas con este ‘experimento’ periodístico, por si pueden ser de utilidad para otros ‘locos’ de este oficio que se estén planteando iniciativas similares.
Suena con fuerza la voz ronca y tan especial del ‘jefe’ llamando a traer la bola de derribo para echar todo abajo y volver a empezar (“mantener la rabia y no tener miedo… porque los malos tiempos vienen y van”). Se escucha mientras escribo este artículo, el número 500 de estas ‘Historias de un optimista’, que, por desgracia, tan abandonadas tengo últimamente. Medio millar de pequeñas historias, unas más positivas, otras menos… Unas más duras y otras más suaves; unas más desde las entrañas y otras más calculadas; unas mejores y otras peores… Pero siempre desde la honestidad y la sinceridad de alguien que sigue creyendo que ser periodista y optimista ni es contraproducente, ni es un imposible.
Desde que en 2009 abriera esta ventana digital tras la insistencia del amigo y maestro Agudo, mucho ha cambiado en esta historia. En ese momento daba por inaugurada esta bitácora con la impronta optimista que siempre me acompañó y que tanto me ha servido para no bajar los brazos por muy complicado que se pusiera el camino. Lo hacía desde la rebeldía que, pese a todo, sigue igual de viva, aunque algo escondida entre algunas otras cosas de la mochila. Este era el último párrafo, que dice mucho:
Me considero integrante del grupo de periodistas de vocación, de los que un día, siendo muy pequeño, soñó con contar lo que ocurría, con ser útil a la sociedad. Ha sido para mí una aspiración cumplida poder dedicarme a esto durante tres años. Me he partido la cara durante este tiempo por ser cada día mejor, por corregir mis miles de errores, por exigirme más y más… Por eso mismo, no me voy a dar por vencido en esta batalla. Si me tengo que marchar y dar un portazo a esta profesión como medio de vida, lo haré haciendo mucho ruido.
Era el comienzo de una travesía dura, quizás una de las más duras que se recuerdan en este oficio y también en este país, aunque también fructífera y útil. Muchas enseñanzas quedan en esos pasos, muchas experiencias que, con toda seguridad, servirán para tener la llave en otros momentos complejos de esta vida tan puñetera y maravillosa a la vez.
Ese día bajamos las cámaras delante de todo un presidente de la Junta. Ese día gritamos un lema que ahora, con toda la perspectiva que da el camino ya recorrido, es tristemente utópico: ¡No más despidos de periodistas! Lo dijimos alto y claro y, por un momento, aunque fuera muy breve, sentimos esa unión que tanto ha faltado al periodismo en momentos tan convulsos. Ahora, cinco años después, un grupo de periodistas, enviados por sus medios, se sentaban delante de un televisor de plasma para escuchar el mensaje del presidente de un país en estado de ‘shock’. Entre un punto y otro de la historia, ha habido muchos golpes y quizás muy poca reflexión de un oficio que en demasiadas ocasiones ha dedicado más tiempo a lamerse las heridas que a encontrar la salida.
Ahora hace ocho meses que comunicaba al que era mi director y a mis compañeros, en mi tierra, que quería dar un golpe de timón. Que necesitaba dar un giro y construirme nuevos retos. Lo explicaba en este blog: era una necesidad. Quería probar nuevas experiencias y aprender mucho más. Era consciente de que la decisión, quizás una de las más difíciles de mi vida, se tomaba en el momento en el que la tormenta más arreciaba. Ahora, echando la vista atrás, uno piensa que ha merecido la pena, aunque no todos los planes salgan como uno espere, ni todo sea tan fácil como algunos aseguran desde la barra de un bar o desde la mesa de un gran despacho de la Universidad.
El espíritu con el que nacía este blog permanecerá siempre. De eso no quepa la menor duda. Soy absolutamente optimista y lo defenderé ante quien sea y en los momentos que sean. No crean que no tengo razones para tener pesadumbre, ni para estar inquieto ante el futuro. Los optimistas no somos máquinas sin sentimientos, se lo aseguro. Pero, ni me rindo, ni me rendiré. Creo que tengo muchas razones por las que darle gracias a la vida y también otras muchas por las que no dejar de batallar, para defender lo que es mío y que algunos tratan de robar (entre otras cosas, la esperanza), para seguir pedaleando aunque la cuesta se haga más pronunciada, para seguir luchando por ser feliz. No es fácil, nadie dijo que lo fuera. Pero, el reto consiste, justamente, en conquistarlo con el viento en contra.
P.D.: Esta casa ha estado demasiado vacía en todo este tiempo, de muchos proyectos y, también, de mucha reflexión. Pero ahora me apetece mucho continuar alimentando una llama que, pese a todo, seguirá viva. Prometo volver asiduamente para hablar de comunicación, de periodismo y de la vida. Sin duda, seguimos en la lucha.
Año 2012. La conversión digital avanza a marchas forzadas en los grandes medios de comunicación y el consumo de información en la red crece exponencialmente. Las principales cabeceras en España inician lentamente su cambio de estrategia con el fin último de adaptarse al nuevo ecosistema y sobrevivir a la peor crisis publicitaria en papel desde hace décadas. Algunos, como El País, establecen el cacareado ‘Digital First’. Éxito asegurado, pensarán algunos. Nada más lejos de la realidad: la rentabilización de esa creciente cifra de usuarios digitales es escasísima, algo que sigue dejando a internet sin el papel de salvador de la prensa.
Las cifras de rentabilidad, expuestas por Juan Varela en ‘Periodistas 21’, son desoladoras: Unidad Editorial (El Mundo, Expansión y Marca) es el líder con unos irrisorios ingresos medios por usuario único de 30 céntimos de euro. Vocento logra 28 céntimos y a la cola se encuentra Grupo Prisa que, pese a su nueva estrategia centrándose principalmente en la red, sólo logra 23 céntimos por cada usuario.
Todo ello con una publicidad en la red que roza los 180 millones de euros y que, pese a crecer un 5%, representa una porción muy escasa aún de los ingresos generales. Publicidad que sigue sin ser todo lo rentable que es el papel, pese a todo: los ingresos por usuario en la edición impresa supera los 4 euros, 14 veces más que en las ediciones digitales. Y con estos datos sobre la mesa, la verdadera obsesión de los grandes periódicos no debe ser lograr más usuarios, pues estos irán aterrizando de forma natural en la red, sino rentabilizarlos mucho más.
He aquí otro factor que también hay que tener en cuenta: la especialización del contenido. Si nos fijamos en los grandes periódicos y medios en papel que han logrado buenos resultados son, fundamentalmente, económicos. The Economist o Financial Times se han convertido en el espejo en el que tratan de mirarse muchos, con unas cifras más que interesantes, en las que empiezan a tener un peso importante el pago por contenidos frente a una publicidad muy unida a crisis y vaivenes económicos. El caso del segundo tiene dos datos más que interesantes:
Los ingresos digitales suponen el 47% del total del grupo (unos beneficios de 90 millones de euros) gracias a la estrategia de pago.
La versión online aumentó sus suscriptores en el último año un 31% hasta alcanzar los 300.000, una cifra superior a los ejemplares impresos.
Con esta realidad, lo que resulta evidente es que Internet no se ha convertido de la noche a la mañana en ese ‘maná’ que iba a salvar a los periódicos impresos sin que éstos apenas movieran un dedo. El objetivo debe ser rentabilizar mucho más a la audiencia en internet a través de un contenido de calidad. Los euros (o dólares) no van a caer del cielo y hay que ir a buscarlos, replanteándose todo desde el principio.
No suelo dedicar posts para hablar de mi vida personal, ni para hacer un ‘autobombo’ que tanto me molesta en algunos personajes que pululan por la red… Sin embargo, hoy hago una honrosa excepción para contaros algo importante. Tras más de seis años en mi querida (y criticada) tierra, Jaén, inicio una nueva etapa. Un nuevo tiempo cargado de ilusión con la que buscar nuevas metas, horizontes y retos. Ha sido un periodo inolvidable en lo personal y en lo profesional y del que me llevo maravillosas experiencias que seguro me servirán en el futuro, a pesar de las primas de riesgo, los corralitos y los agoreros.
Vivimos quizá la más dura crisis que se recuerda en el periodismo. Esconderlo y negarlo sería estúpido y no una actitud optimista, sino infantil. Pero es ahí justo donde está el reto. Superar el obstáculo y salir victorioso tiene que ser la motivación para continuar pedaleando. Este año 2012 tiene su cara y su cruz: miles de despidos en la retina de todos y muchas vocaciones truncadas, pero un buen puñado de grandes proyectos de periodistas que no se rinden y que siguen creyendo en un oficio que hoy se antoja fundamental.
Ante este escenario, queda mucha batalla que dar y muchos obstáculos que superar. ¿Sabéis por qué? Porque me niego a darles la razón a aquellos que nos denominan ‘Generación perdida’. Porque no hay nada mejor en la vida que seguir teniendo retos que conseguir. Porque nunca me perdonaría abandonar este oficio sin haberlo intentado hasta la extenuación. Porque sigo teniendo sueños que proteger y que alcanzar. Y porque sé que, pese a todo, el optimismo, aquella que ha sido mi mejor arma durante todos estos años, no va a fallarme.
Seguimos en la lucha. Y no lo dudéis, acabaremos ganándola.
Decía Horacio que la resignación sólo alivia todos los males cuando no tienen remedio alguno. Hoy, un día después de la conmemoración del Día de la Libertad de Prensa, me gustaría hablar de las razones para esquivar esa resignación, para invitarnos a no bajar los brazos.
Les engañaría si les dijera que esta crisis no me hace dudar sobre cuál va a ser el futuro de este oficio, que para mí es mucho más que eso. Sería cínico por mi parte decir lo contrario. La crisis, económica, de modelo y de credibilidad, golpea con tanta fuerza que a veces se hace harto complicado mantenerse en pie.
Pero justo después de admitir lo evidente, digo que es imprescindible buscar a diario motivaciones con las que continuar. Para no arrojar la toalla y abandonar. Y hoy, después de palpar esa sensación de resignación en las protestas de los profesionales ayer, repaso aquí algunas de esas razones:
Por vocación personal y profesional. Si te despiertas y te duermes pensando en este oficio, entenderás este motivo. Es difícil de explicar en un momento como el actual, pero no hay que aspirar a que se entienda. Simplemente, es así.
Porque los periodistas debemos retomar el control del oficio para seguir adelante. Pequeños medios, con pequeñas estructuras de costes y controlados por los profesionales.
Porque quedan retos que conquistar y deseos que cumplir. La era digital nos presenta un escenario con un consumo de información al alza y, por tanto, con un espacio muy importante para seguir creciendo.
Porque existen muchos puntos negros que mejorar. Como ya hemos dicho en alguna ocasión, queda mucha autocrítica que hacer, muchos cadáveres que sacar de los armarios. Pero eso también debe ser también un acicate.
Porque, como dice el compañero Nacho de la Fuente, los periodistas somos más imprescindibles que nunca, aunque no hayamos asumido del todo esa gran responsabilidad.
Y porque los sueños no se abandonan tan fácilmente.
No se trata de un mensaje ‘buenista’, ni de una muestra más de un optimismo irracional que tanto he criticado. Es, simplemente, un intento por mantener la ilusión. Es evidente que ni los grandes gurús saben qué nos deparará el futuro. Pero se hace imprescindible buscar razones con las que no dejar de luchar en el presente.