Llegaron las elecciones y el desembarco de políticos en las redes sociales fue enorme. Muchos de ellos se subían al carro casi por obligación, pues allí había que estar para, al menos, dar la imagen de cercanos, abiertos y transparentes. Esa demanda de los ciudadanos que parece tan sencilla y complicada de cumplir. Se volvieron hiperactivos, con un bombardeo inaguantable. Colmaron la red Twitter de ‘hashtags’, convirtiéndolo casi en una carrera a ver quién lograba mayor repercusión a través de los ‘temas del momento’. El PP, incluso, llegó a pedir a sus simpatizantes que pusieran a disposición del partido sus cuentas de redes para trasladar los mensajes de campaña. Las redes se convirtieron en nuevos púlpitos desde los que lanzar ‘mini-mítines’.
Los comicios concluyeron y lo que muchos se temían ha empezado a ocurrir. Llegan las primeras bajas, como la del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, que cerró ayer sus cuentas de Twitter y Facebook admitiendo que eran un instrumento de campaña electoral. Y llega la inactividad a muchas cuentas. ¿En cuáles? Es evidente que la exposición a la sociedad que supone entrar en las redes es más peligrosa en los que ostentan el poder. Por ello, son más en el PP los que han levantado el pie del ‘acelerador social’. Soraya Sáenz de Santamaría, cuyo ritmo de publicación no puede ser más pobre, Esteban González Pons, que lleva desde finales de noviembre sin publicar ni un solo tuit…
¿Llamará Gallardón a las puertas de Twitter cuando se acerquen otras elecciones?¿Cómo será recibido?¿Es el único en ‘usar-y-tirar’?
— Jose Liébana (@JoseLiebana) diciembre 12, 2011
Excepciones las hay tanto a nivel local como nacional. Los líderes de los dos grandes partidos PP y PSOE mantienen su actividad intacta, aunque sin grandes aportaciones. Pero no es, ni mucho menos, suficiente. El surgimiento de las redes sociales facilitó la transparencia y la apertura que reclamaban los ciudadanos a políticos o instituciones. Era (y es) una forma eficaz y útil de eliminar de una vez los intermediarios, de pisar la arena para escuchar, para debatir, para aprender. No es suficiente porque lo que exige la sociedad es mucho más. Es bajarse de la atalaya para escuchar las demandas de los que los votaron y los que no. Las redes no pueden ser nunca objetos de usar y tirar de cara a las campañas electorales, pues no sólo es un juguete sin más, sino que es el espacio de debate democrático para muchos ciudadanos.

























