Uno de los regalos para el periodismo de 2012 que pedí a hace tan sólo unos días a los Reyes Magos era claro: que los medios abandonaran de una vez su cercanía con el poder político-económico que no hacen más que hundirlo sin cesar. Ya sé que es casi una utopía pero, ya saben, por pedir que no quede. Y nada más comenzar este nuevo año, seguramente el más difícil para el periodismo en nuestro país en las últimas décadas, ya tengo muchos ejemplos que demuestran que no se cumplió, ni seguramente se cumplirá. El más sangrante lo vi ayer en El País, que publicó a toda página un reportaje de la candidata a la secretaría general del PSOE, Carme Chacón, y la influencia (negativa) de su entorno más cercano.
Parto del principio que regía en el Washington Post en la etapa dorada del Watergate: “Congresista borracho en su casa, problema suyo; congresista borracho en los pasillos del Congreso, problema nuestro”. Es decir, cuando las cuestiones personales de un responsable público afectan a su gestión, a sus acciones públicas se convierten en noticiables y, por tanto, en material de interés periodístico. Eso es indudable. Por tanto, el reportaje, habida cuenta de un estilo muy discutible y de algunos aspectos que puedan no gustar, contiene información que se debe conocer, al margen de todo.
El problema radica en que sólo se es capaz de publicar un reportaje así en mitad de una contienda política sobre uno solo de los contendientes. Eso es contar la historia parcialmente, ser tendencioso y decantarse por una parte por intereses que no son precisamente informativos ni periodísticos. Esta cabecera, propiedad del grupo de comunicación líder en España, decidió hace tiempo que su candidato preferido era Rubalcaba y es por esa razón y solo esa que nunca saldrá publicado algo así sobre él. ¿No merecen los lectores de ese periódico el mismo análisis duro y sin contemplaciones del exministro, que lucha para liderar uno de los dos grandes partidos políticos en este país? Y estoy seguro de que material hay de sobra para ello en un personaje cuya carrera política está plagada de sombras que también tendrían que ser desveladas.
Se trata, por tanto, de una utilización burda de un medio de comunicación para un interés partidista-empresarial. Pero lo más grave no es la forma en la que los partidos se ‘apoyan’ en los periódicos de forma descarada (miren la conversación de ayer con tres militantes socialistas en Twitter), pues ha ocurrido siempre al ser un caramelo demasiado goloso para una clase política ansiosa de poder. Lo peor es que las empresas periodísticas (que no los periodistas) se prostituyen sin pasar vergüenza con el único anhelo de que eso sirva para seguir sobreviviendo gracias al supuesto apoyo económico prometido por aquel a quien respaldan.
Pero siguen cerrando los ojos a una realidad: es ese uno de los principales motivos por los que el periodismo y los medios de comunicación están sufriendo mucho más en esta crisis económica. Ese servilismo, esa prostitución de la información no es más que la soga lista para ahogar al oficio más maravilloso del mundo. En la mano de los periodistas está no meter la cabeza en ella.
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Actualización: El colega Barrera (acá @juanlarzabal) ha elaborado un storify en su blog ‘Cableados’ sobre las reacciones al reportaje. Aquí se los dejo.



























